Una nación es más que un territorio

Publicado en La Nación el 20 septiembre, 2004
Categoría: Contribución
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Una nación no es solamente un territorio, de la misma manera que un hogar es mucho más que una casa. Los habitantes de un país, lo que piensan, lo que sienten, lo que sueñan, se va plasmando en las reglas de juego compartidas, las cuales quedan instaladas en usos, costumbres y leyes. Los costarricenses hemos creado a lo largo del tiempo una nación cuyas reglas de juego son entre otras, el apego al derecho,el respeto a los demás, la libertad para opinar y para emprender, la sustitución de los gobernantes mediante el voto popular, la alta valoración de la educación, la práctica de la solidaridad. Y eso es lo que leda el carácter esencial a esta nación.

En los acongojantes momentos actuales hay dos actitudes destructivas de las cuales debemos guardarnos. Una es el rotundismo: todos son malos, nadie sirve, nunca hacen nada bueno, siempre se equivocan. Eso no es cierto en nuestro caso. El mismo hecho de que la corrupción esté saliendo a la luz se debe a que hay periodistas, investigadores, políticos, funcionarios que están haciendo su tarea. La otra actitud destructiva es el pesimismo, la desesperanza. Claramente no estamos ayudando a la solución si respondemos a los problemas con actitudes pesimistas. Si pensamos que no hay remedio, más difícil nos resultará encontrarlo. Si pensamos que a esto ya se lo llevó la trampa, más difícilmente hallaremos las soluciones. Nuestra mejor respuestapersonal es ponerle al mal tiempo buena cara.

Es natural que la desilusión por el mal funcionamiento de las instituciones, por la baja productividad del congreso, por la falta de claridad y la lentitud con la que avanza el país, produzca desaliento y que ese desaliento se convierta en una tentación a descuidar la calidad de nuestras acciones personales. Ese comportamiento es natural como reacción y sería a lo más que podríamos aspirar si solamente fuéramos animalitos. Lo desafiante es que somos además seres pensantes,capaces de imaginar situaciones mejores y sobre todo capacesde elegir el camino del mejoramientoaunque sea un poco cuesta arriba. La irritación, la indignación, la ira, podrían conducir a la depresión nacional: abandonemos, resignémonos, hagamos lo mismo que los transgresores. Esa es la manera más segura de perder.O podría conducirnos a aceptar el reto. Y como no todos somos diputados, investigadores, jueces, el reto solo podemos tramitarlo en nuestra vida personal. Esa es la manera más segura de ganar: anegar la degradación en abundancia de excelencia.

Cada noticia sobre corrupción, sobre ineficiencia, sobre politiquería que nos vaya llegando, nos llevaría a hacer propósitos de ser más serios y más disciplinados.Somos másserios cuando decimos la verdad, cuandosomos puntuales, cuando estudiamos no solo para los exámenes, cuando desechamos las excusas, cuando explotamos nuestras fortalezasy aceptamos nuestros puntos débiles. Somos más disciplinados cuando aguantamos mayores cargas de trabajo, cuando afrontamos deportivamente las demandas de mayores esfuerzos, cuando no nos conformamos con cualquier resultado, cuando en vez de “jurgárnosla”, nos empeñamos en lograr lo mejor.

Más disciplina y seriedad se traducirán en un ejercicio permanente de auto evaluación, el cual llevará a que seamos más exigentes con los demás. Si como dicen,los países tienen los gobernantes que merecen, nuestro mejoramiento nos hará dignos de mejores gobernantes. Este cambio personal no resolverá el problema político. Pero mientras se cumple el tiempo de entrarle al problema político,preparémonos personalmente para estar a la altura de un sistema que no tardará en llegar si pugnamos por darlo a luz.

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