Aprendizajes y reflexiones sobre los bloqueos

Los países, igual que las empresas e igual que las personas, hacen bien en aprender de los tragos amargos que van enfrentando. Lo de los bloqueos, deja algunos aprendizajes, confirmaciones, reflexiones y preguntas.Los sucesos de los días recientes han vuelto a dejarclaro que el país necesita unos buenos remiendos.

No es sano reducir los eventos a interpretaciones simplistas. El pulso recién ocurrido no es entre el pueblo y los neoliberales. Según al neoliberal que tomemos como referencia, es posible encontrar excesos en su planteamiento. Pero abandonar los esfuerzos de apertura comercial y de modernización del estado, nos quitaría oportunidades como país. También sería simplista querer negar que existe una brecha entre los que más tienen y los que menos tienen. Y eso debe ser atendido. Pero los populistas son mejores ofreciendo que cumpliendo. No porque no sean sinceros en lo que ofrecen, sino porque ignoran o quisieran ignorar que hay leyes ineludibles que debemos respetar, por ejemplo la ley de que no se puede hacer chocolate sin cacao. No podemos tener una política social como la de los países nórdicos, porque no somos tan ricos como ellos. Es imposible que en un país no existan diferencias de ingreso y de consumo. Lo cual no quiere decir que como país civilizado podamos desentendernos de la pobreza y la exclusión o no mirarlos como problemas urgentes. La exclusión es como una epidemia de poliomielitis: con las uñas tendríamosque dar la lucha contra ellas.

El ánimo nacional está como para protestas. La crítica, la protesta, son ingredientes indispensables para la buena conducción de la nación. Protestar, cuando hay razones,es un acto de responsabilidad ciudadana. Reconozcámosle eso a los voceros de la protesta. Pero la protesta violenta que viola los derechos de los demás, como la de los bloqueos, es un exabrupto cívico y un golpe bajo a nuestra manera civilizada de convivir.Los partidos políticos, muchospolíticos, la Asamblea Legislativa, el Presidente de la República tienen desilusionados a los habitantes. La faltade eficacia es clarísima. Si así funcionaran los órganos de acción de una empresa, los socios se encargarían de destituir a sus personeros y nombrar otros. En una democracia, eso es teóricamente posible, pero el país ha aprendido a lo largo de la historia reciente, que cambiando las personas tampoco se arregla el problema. En esas circunstancias, el impulso apasionado lleva a la frustración,a pensar que esto no tiene arreglo, que la democracia no funciona. Pero esa actitud, en vez de resolver el problema, lo agrava.La mejor actitud de parte de los habitantes maduros, es la creer que estamos ante un reto difícil, que no hemos encontrado el camino, pero que hay que seguir intentando. Quejarse, maldecir, culpar a éstos o a aquéllos no nos dará la solución. La solución demanda personas mejor informadas, más serias, más críticas, menos matriculadas ciegamente en partidos políticos y en ideologías. Y demanda también introducir o reforzar reglas de juego, para pedir cuentas, para poder menearle la rama al presidente antes de que venza su período,para evaluar a los diputados ypara poder conservar en la Asamblea a los mejores, para detectar e investigar la corrupción, para hacer más independiente de banderías políticas al Poder Judicial y dar un paso adelante en el combate de la impunidad, para formular y clarificar una agenda nacional que no cambie cada cuatro añosy para construir acuerdos para ejecutarla.

Civilizar a una sociedad demanda un esfuerzo de muchos años.Devolverla al desorden, a la anarquía, no cuesta tanto. Instaurar el derecho toma decenios. Devolverse al imperio de la fuerza bruta, solo necesita que nos desentendamos y nos vayamos haciendo de la vista gorda. En una sociedad regida por el derecho, a veces ganamos y a veces perdemos. En una sociedad regida por la fuerza bruta, siempre gana la fuerza bruta. Por eso es tan valioso lo que tenemos, a pesar de los pesares.


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