Una espiga más

Publicado en La Nación el 6 septiembre, 2004
Categoría: Convivencia
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Setiembre con sus banderas me transporta a la escuela de barrio donde aprendí a leer. Vuelvo a mirar en “La tierra y el hombre”, un libro de lectura, la página que se refiere a don Juan Mora Fernández, primer jefe de estado de Costa Rica. Al final de su primer período de gobierno, en 1828 pronunció estas bellas palabras: Deseo que Costa Rica sea grande por la unión y feliz por la paz; que sus hijos corten cada día una espiga más y lloren una lágrima menos”. Entonces, hace más de ciento cincuenta años la nación era joven y simple. Hoy ya no es tan joven y se ha venido complicando. Pero en las poéticas palabras de ese gobernante que entrega el gobierno con la satisfacción de haber cumplido con su deber, está contenida lo que hoy llamaríamos la visión de una política económico- social. La espiga más, es la productividad, el desarrollo, la aspiración a niveles de ingreso económico superiores, que entonces posiblemente significaban alguna carretera, algún puerto, y hoy significan además de eso,una red de Internet avanzada, un aumento de nuestra competitividad, más educación científica para no quedarnos atrás. Entonces posiblemente señalaban la necesidad de combatir la tuberculosis y de contar con agua potabley hoy la necesidad de combatir los efectos de la sobrealimentación y de los accidentes de tránsito.

El llorar una lágrima menos, es la visión de una política social. En términos de hoy, posiblemente esa aspiración se exprese en más oportunidades de trabajo, en más acceso a la educación, en menos pobreza extrema. Deseos que son ampliamente compartidos y legítimamente mantenidos por todos los habitantes. A esto es posiblemente a lo que se refiere don Albino Vargas cuando habla de la necesidad de construir un país “donde quepamos todos”.

Lo que no decía el libro de sexto grado es que los múltiples objetivos de la política económico social deben ser articulados y armonizados, porque lograr algunos de ellos, implica deteriorar otros. Por ejemplo, cuando nos quejamos por el estado de las carreteras, tenemos que tener claro que para mantenerlas impecables, tendríamos que reducir otros gastos públicos, tal vez los de educación, tal vez los de salud, porque no es posible tener todas las cosas a la vez, ya que los recursos de éste y de todos los países son limitados. A la economía se le llama la ciencia lúgubre, posiblemente porque nos machaca con realidades como esas.

Es claro que con los recursos escasos podríamos hacer más cosas, si hubiera más eficacia y si hubiera menos corrupción. Y esto es exasperante. Pero como ciudadanos le hacemos un grave daño al país si dejamos que esa exasperación nos lleve a la desesperanza. Un día vamos a encontrarmecanismos para promover la eficacia y combatir la corrupción. Si perdemos la esperanza, apague y vamonós. La ira, la amargura, la frustración han de traducirse en una posición de crítica, de censura, de conciencia de la realidad. Pero en el momento en que se transforman en impulsividad ciega, se hacen tan peligrosas como la rabieta del niño que pretende arreglar su juguete a golpes.

Tienen razón don Albino y todos los habitantes que queremos un país donde quepamos todos. No tienen razón y se transforman en peligrosos enemigos de la solución, quienes como el niño en la rabieta, a golpe de bloqueos, pretenden solucionar lo que no tiene soluciones simples. Y la solución no es simple, porque todos somos todos. No los transportistas, o los banqueros, o los empleados públicos, o los empresarios. Cuando cada grupo pretende solucionar su problema y obtener sus metas, lo que ocurre es una rebatiña y sufre el país. Cada uno para su saco,es la peor de las actitudes.

La gran responsabilidad de gobernar, de formar parte delpoder ejecutivo y del poder legislativo, es ir diseñando ese país en que quepamos todos,adelantarse al malestar de los grupos de interés e impedir que la conducción del país la tomen en sus manos grupos bien o mal intencionados. Todo esto, da para más. Les prometo más en el mes de la Patria.

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