Hasta el último cartucho

Publicado en La Nación el 19 julio, 2004
Categoría: Artículos
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Hay expresiones que constituyen un acicate para la acción. La vida en las empresas se parece mucho a la acción bélica: estrategias, ataques relámpago, hostigamiento, reblandecimiento de defensas, artillería pesada, guerra de guerrillas, cortarles el abastecimiento. Todos esos términos son familiares para quienes han participado en los diferentes eventos mediante los cuales en las empresas se intenta robustecer la posición competitiva, lo cual es analógico con el combate porque competir siempre consiste en tratar de consolidar ventajas sobre los competidores. Y como en el combate, a veces vamos ganando y a veces vamos perdiendo. A veces vemos la victoria al alcance de la mano y a veces vemos la derrotaabriéndose ante nuestros pies. Combatir, enfrentar el peligro de desaparecer vitalmente o mercantilmente, moviliza el afán de supervivencia. El éxito para las empresas consiste en sobrevivir. Una empresa que viva veinte años puede considerarse exitosa, entre otras cosas porquela mortalidad infantil de empresas es muy alta y todos conocemos múltiples negocios, proyectos y empresas que no llegaron a los dos años de vida. Este afán de supervivencia de la empresa es análogo al que también tiene una ameba, por hablar de un organismo muy elemental. Lo vivo siempre intenta seguir vivo y las empresas son seres cuasi-personales: vivos, racionales, con voluntad.

Como en el combate,la acción humana que tropieza con dificultades enfrenta comotentación frecuente, la de abandonar, retirarse, replegarse, rendirse. ¿De dónde sale la energía para seguir bregando? A veces esa energía surge de un razonamiento. Pero más frecuentemente surge de una resolución inspirada en un ideal. Un ideal es una fuente de energía, como un río. Una resolución es como una represa.La resolución es una decisión que no es solo pensada, sino que detrás de ellaapostamos mucho o apostamos todo. Churchill en los días angustiosos de la Batalla de Inglaterra llamaba a sus compatriotas a vivir ante esa amenaza de tal manera que si el Imperio Británico llegara a vivir mil años, en el futuro se pudiera afirmar que ésta fue su mejor hora.Esa no era una promesa de triunfo. Era una convocatoria a empeñarse con plenitud. A resistir. A no rendirse. A combatir hasta el último cartucho. A sacar la casta, como se diría en un evento deportivoY esa es una consideración que puede adaptarse a cualquier dificultad empresarial o personal. No se trata solo de ganar la batalla, sino de haberse entregado tan totalmenteal desafío, que salgamos bien o mal librados, podamos reconocer que lo enfrentamos con tal calidad humana que podamos sentirnos orgullosos de la actitud.

En las empresas se valoran los resultados. Se valora si se consigue tal o cual cliente o si sepenetra en tal o cual mercado. La fórmula usual es“A mí no me explique cuánto esfuerzo hizo. Muéstreme los resultados”. Pero éste es un enfoque exagerado que tiene por propósito evitar que en vez de resultados nos cuenten historias, nos desplieguen excusas, nos hagan promesas. Pero como enfoque exagerado deja por fuera el tema de si es preferible tener éxito en algo fácil que fracasar en algo difícil. La derrota, el fracaso, no son netamente negativos. Hay éxitos de pobre calidad y derrotas de alta calidad. Hay éxitos que corrompen, como las excelentes calificaciones del estudiante que enfrenta pruebas poco rigurosas. Y hay derrotas constructivas, como la de quienes tienen que volver a recorrer el camino porque enfrentaron pruebas muy difíciles.

Dentro de veinte años podríamos haber olvidado el resultado de un empeño del cual salimos mal librados –proyecto, examen, propósito- . Lo que seguirá con nosotros es el desarrollo personal adquirido por haber movilizado en el desafío todos los medios, toda la atención, todo el entusiasmo.

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