Investigación científica

Publicado en La Nación el 17 mayo, 2004
Categoría: Artículos
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Cuando escuchamos la palabra “investigación científica”, vemos en la imaginación laboratorios y gabachas, con variados fines, pero con gran énfasis en el objetivo de descubrir afirmaciones que tengan el carácter de leyes. Pero esta actividad humana, no se circunscribe al descubrimiento de leyes. Como personas, como miembros de las empresas, vivimos permanentemente investigando, sin gabacha y sin laboratorio. Cuando nos preguntamos si fulanito estará en su casa y llamamos por teléfono para verificarlo, estamos haciendo investigación. También cuando cambiamos el método de estudio y esperamos a ver cómo nos va en el próximo examen. O cuando se sustituye un ingrediente en la receta de cocina y luego se verifica cuáles fueron las consecuencias sobre el sabor y la presentación.En este sentido investigar es aprender cómo se comporta lo real, o qué se puede afirmar de lo real diciendo verdad. No es una ley científica saber si fulanito no está en casa,si las milanesas se suavizan más si se las empaniza con harina o con pan molido o si leer previamente índices y subtítulos mejora el aprovechamiento de la lectura. Pero aprender esas cosas de la realidad, sí es investigación.

Creo que los investigadores – los investigadores de ciencias duras- no nos cuentan la historia real de cómo proceden con sus investigaciones. Cuando leemos los reportes en las revistas, vemos cómo se fue paso a paso aplicando un método, para al final culminar en el descubrimiento. Pienso que les gusta,además de mostrar su eficacia, darle elegancia a la metodología seguida. Y me pregunto – en privado, claro- si lo que vemos en los reportes científicos no tendrá bastante maquillaje. Si no se ocultará lo que la casualidad-la chiripa-,tuvieron que ver en los descubrimientos . Por ejemplo, la formulación de una hipótesis, siempre aparece como un acto único, delimitado, acabado, cuando en la realidad hay que ir y venir a través de observaciones, creencias, teorías y experiencias para poder formular la hipótesis, ya se trate ésta de la relación que hay entre ingesta de hierro y desarrollo mental o simplemente de decir “ fulanito está en su casa en este momento”.

Escuchemos a Edward Wilson reputado entomólogo y sociobiólogo,en su libro “Naturalist”: “durante mi acumulación de hechos acerca de la biología de las hormigas, nociones vaporosas –formulaciones, definiciones, patrones incipientes (la frase perfecta se me escapa)- flotaban hacia y desde mi mente como niebla céltica . Mis ensoñaciones … tomaban forma coherente … (y luego) se desvanecían y desparecían. Unas pocas continuaron ganando vida robusta en el transcurso de mi ensoñación cotidiana. Entonces se convertían en narraciones, que yo empezaba a repetirme como historias. Me preparaba para hablar a otrosde estos asuntos. Imaginaba cómo las narraciones se verían si las pusiera por escrito, y cómosonarían en una conferencia ante un auditorio escéptico. ”

Este es el mismo proceso mental que se sigue en las empresas cuando se está pensando por ejemplo en cómo hacerlas más competitivas o en cuál rediseño estratégico introducirles en vista de las circunstancias. Es imposible sentarse con regla y escuadra a diseñar una respuesta simple, porque la realidad de las empresas reclama ajustes, sensibilidades, adaptaciones, tonos y matices que van más allá de los trazos simples. Y me parece que a todos los que con frecuencia transitamos por estos parajes, nos consolará saber que un científico tanexitoso como Edward Wilson también se ha sentido tropezando en la niebla céltica de la duda, la tentatividad, el chispazo creativo, el temor de fracasar y la obligación de acertar, que son el hacer cotidiano de las empresas.

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