Disfrutar el camino

Publicado en La Nación el 10 mayo, 2004
Categoría: Artículos
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Los niños se acomodan en sus asientos y diez minutos después de la partida comienzan a preguntar con ansiedad a qué horas llegaremos a la playa. La madre les responde con sensatez que en este paseo, hay que disfrutar la playa cuando lleguemos allá, pero que conviene disfrutar el camino. Para la mente cortoplacista del niño, el camino es algo que se interpone entre él y el disfrute imaginado. Una hora para un niño es demasiado tiempo. Para él,el día de mañana está a una distancia emocional tal que igual daría que no existiera. Todo lo quiere hoy, ya.

Cuando crecemos, esa forma en la que nos plantamos ante el tiempo, se modifica pero no desaparece. Seguimos valorando más el llegar que el recorrido del camino. Con el inconveniente de que mientras el llegar consiste muchas veces en un instante, el camino puede haber tomado años. Veamos. La persona que se desvive por terminar sus estudios de bachillerato o universitarios, focaliza su atención en el momento de la graduación y entre tanto podría estarse perdiendo eldisfrute delos años de vida estudiantil. La experiencia generalizada es la de que una vez graduados, miramos con nostalgia el camino recorrido, pero cuando lo fuimosrecorriendo lo hicimos a golpes y a saltos,a veces con impaciencia y siempre con la ansiedad de llegar al final. Los logros, la excelencia de un momento, son el resultado de continuos esfuerzos grandes y pequeños, hechos a lo largo de los años. Si solo valoramos ser grandes ejecutantes y no valoramos las múltiples horas haciendo escalas, algo habremos perdido.

¿Qué nos lleva a valorar tanto el momento pico, la ceremonia de culminación? Posiblemente la singularidad de la experiencia: hay cien exámenes pero solo una graduación.O el afán de crear monumentos, que es un afán de detener el tiempo, el cual también está presente en la afición a la fotografía. Estamos dispuestos a transar intensidad por duración. Es más intenso el gol que las jugadas que se fueron hilvanando para lograrlo, pero quien solo disfruta los goles, no es un buen aficionado.

Queremos llegar a saber –una ciencia, una técnica- y eso nos dará mucha satisfacción, pero si valoramos los esfuerzos que vamos realizando por aprender, estamos haciendo mayor nuestra felicidad total. Da gozo entregar un regalo, pero es posible disfrutar mientras se lo busca y se lo elige.

Con el trabajo ocurre algo semejante. Valoramos el ingreso, pero eso es el final monetario de un mes de trabajo. Si valoráramos también el reto y los resultados de cada día, las complicaciones y cómo las fuimos afrontando, la sensación de que avanzamos, las casualidades propicias,estaríamos obteniendo más del trabajo. No trabajamos con esmero solo para obtener una promoción. Si tuviéramosla sensibilidad adecuada, el esfuerzo por esmerarnos constituiría una satisfacción en sí. Goethe decía: es el canto que canta la garganta, el pago más gentil parael que canta.

Muchas personas jóvenes, sueñan con el día en que ya no tengan las obligaciones económicas presentes y ojalá, estén pensionadas. La cancelación de la hipoteca podría irnos dando satisfacción según vamos haciendo los pagos. Poderla pagar es algo valioso. Fantasear solamente con el día en que hagamos el último pago, es perderse parte del disfrute. Vemos las obligaciones económicas relacionadas con la educación de los hijos y es razonable que miremos hacia delante hacia el día en que termine de estudiar el más pequeño. Lo vemos en nuestra mente de toga y birrete. Pero cuando llegue ese día, se nos habrán escapado de las manos quince o veinte años de nuestra vida.El reto, la brega duran más que el momento del triunfo. La siembra y la atención de los cultivos más que el momento de la cosecha. Exprimamosmuchos pequeños presentes, sin dejarnos fascinar por un fugaz momento futuro.

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