Mejoramiento continuo

Publicado en La Nación el 12 abril, 2004
Categoría: Artículos
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Las empresas andan muy preocupadas por la competitividad. Competitividad es la habilidad de competir con otros con ventaja, lo cual es un empeño interminable, porque si algo tiene de positiva la organización de la producción según el mercado, es que todos los participantes están en continuo esfuerzo de mejoramiento: mejores productos, a menores costos, distribuidos mejor.Muchas personas también andan ocupadas en acciones para elevar sus competencias, sus habilidades, sus potencialidades, porque el medio, progresivamente les va a ir exigiendo más.

El mejoramiento, el de las empresas y el de las personas, ocurre a dos velocidades. Por un lado están los grandes eventos que nos hacen subir varias gradas en nuestro desarrollo. En el caso de las empresas, el contacto que se hizo en una feria industrial y que culminó en una alianza o en un nuevo socio que aportó capital y tecnología. La empresa comercial que se visitó en un viaje a Europa y que se convirtió en el gran distribuidor para ese mercado. El experto que se conoció casualmente y que luego se contrató para resolver una cantidad de problemas de calidad y que finalmente ayudóa la empresa a ser de clase mundial. En el caso de las personas, la amistad con un profesor que nos abrió el horizonte estudiantil, el contacto con uno de esos admirables modelos humanos que circulan por ahí y que nos permitió refinar nuestra valoración de una serie de virtudes. El analista con quien pacientemente hicimos el recorrido de ida y vuelta que es el psicoanálisis. El compañero y el amigo de nuestra misma edad que no dejó de sorprendernos con su madurez, con su ética, con su visión del mundo. Todos estos eventos constituyen eventos estelares, sucesos marcados de singularidad, que provocan una verdadera conversión, a veces sin tirarnos del caballo, a veces con tirada del caballo y ceguera temporal, como en el caso de Pablo. Son los eventos a los que aludía Ortega cuando hablaba de que mientras años enteros resbalan sobre nosotros sin dejar huella, de pronto un día nos remueve desde las entrañas.Pero esto, casi ocurre como obra del azar o como regalo sobre el cual no tenemos control.

La otra velocidad, depende más de cada uno. Depende más de la valoración de lo pequeño. Parece extraordinario que una persona lea un libro por semana. Más probable es leer dos páginas al día, pero pensamos que elresultado es despreciable. Pues no. Dos páginas al día son mil quinientas páginas en dos años, que si no son de novelitas sino de materiales densos en conceptos, puedensignificar un gran aporte para nuestra capacidad de percibir y de pensar. El gimnasio y la dieta son dos ejemplos singulares sobre lo que el persistente esfuerzo de cada día puede hacer por la condición física y el peso.Hay pianistas que afirman practicar seis horas diarias. Pero muchas personas aprendieron piano en su niñez y no se percatan de lo bien que les haríapracticar quince minutos diarios. Desafortunadamente, por alguna extraña condición de nuestra mente, esto es más fácil de percibir cuando se mira hacia atrás que cuando se mira hacia delante. Aquella persona a quien se le propone leer en lengua extranjera diez minutos cada día no se da cuenta de lo que podrá lograr en cinco años. Pero si lo hiciera, cuando mire hacia atrás verálo que habrá logrado. Si no lo hiciera, un día verá con amargura lo quehubiera podido lograr. El mejoramiento entusiasma, pero solo lo lograremos si ese entusiasmo se convierte en disposición a dar el próximo paso, en resolución para escalar la próxima pendiente, en fortaleza para aguantar la próxima adversidad, en esperanza para saber que los resultados están esperando un poco más allá.

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