Gestos de desaprobación

Publicado en La Nación el 8 marzo, 2004
Categoría: Aprendizaje
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Lo que salió mal está en el pasado. El mantenimiento que no se dio, la orden para comprar que no se emitió, el cliente que no se visitó, los cobros que no se hicieron, el mal colaborador que se contrató, todas esas acciones, están en el pasado y sus resultados no tienen ninguna posibilidad de ser cambiados. Da lo mismo que un evento haya ocurrido hace un segundo –como la copa que hemos dejado caer- o hace milenios, como la engatusada que les dieron a Adán y aEva en el Paraíso. Para la acción humana el pasado solo es fuente de aprendizaje, a pesar de que cuando uno de nuestros colaboradores, o de nuestros hijos,comete un error, nos llevamos las manos a la cabeza y vamos haciendo exclamaciones que muestran que en nuestra fantasía, imaginamos que es posible modificar el pasado, no hacer lo que se hizo odecir lo que no se dijo.

Que algo salga mal es suficiente estímulo para que una persona ponga de su parte lo que hay que poner para que la próxima vez eso no ocurra. Salvo casos patológicos, a nadie lo deja impávido un mal resultado, sino que todos sentimos que se dispara una energía que puede tener varios destinos. En un extremo, un destino contraproducente es exclamar que no servimos para nada, lo cual implica renunciar a la lucha y a la vez castigarnos por lo que salió mal. En el otro extremo, está el uso constructivo de la energía para convertirla en aprendizaje o en tácticas de mejoramiento. Ese uso constructivo de la energía movilizada por un mal resultado, se ve obstaculizado con la censura. El colaborador que es censurado, tiene que lidiar con dos estímulos: su propia sensación de malestar porque algo salió mal y el mensaje minusvalorativo que el jefe le dirige y contra el cual algo tendrá que hacer para proteger su autoestima.

Un paradigma que condiciona a padres, jefes y maestros cuando lidian con los malos resultados de las acciones de hijos, colaboradores y estudiantes es el paradigma judicial. Los jueces tienen que decidir si el reo cometió una acción punible. Y tienen que dictar una sentencia porque se considera que de esa manera la sociedad sale beneficiada, por el escarmiento o por la reducción de libertad de quien delinque. Trasladar ese paradigma a la escuela, la empresa y la familia para aplicarlo de manera permanente, obstaculiza el aprendizaje y daña la autoestima. Esto es así aunque no haya sentencia sino simplemente unas frases generalmente hirientes, o aunque no se pronuncie palabra y toda la sanción sea expresada, en los múltiples gestos con los cuales hemos aprendido a mostrar desaprobación y los cuales se encuentran debidamente catalogados en aquel viejo libro de Desmond Morris llamado Manwatching y que traduciríamos como Observación de seres humanos.

En el jefe, el padre o el maestro, el mal resultado obtenido por colaboradores, hijos, estudiantes moviliza una energía cuyo sentido podríamos interpretar en las frases: Está haciendo aparecer mi esfuerzo como improductivo; quedarme callado sería aceptar este desastre; ay de la esperanza que tenía puesta en él; me está poniendo en riesgo con mi propio jefe.El buen jefe, el buen padre, el buen maestro, tienen varias opciones constructivas para manejar esas situaciones. Con colaboradores, hijos o estudiantes entrenados para aprender, bastará con no hacer nada o facilitar el proceso de aprendizaje a partir de lo que salió mal. A algunos habrá que consolarlos, para queen su desesperación no hagan ni se hagan más daño. Pero ninguna de esas opciones hay que desarrollarlas en el intervalo crítico en que el suceso funesto ocurrió o se acaba de descubrir. Las opciones tienen mejor probabilidad de dar buenos resultados, fuera de ese intervalo crítico. Bastante apuro está pasando quien metió la pata, como para que tenga la buena disposición de ánimo de aprovechar constructivamente lo que se le diga en ese momento en que más bien preferiría que se lo tragara la tierra.

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