Evaluación y calidad

Publicado en La Nación el 9 febrero, 2004
Categoría: Desarrollo
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La posibilidad de la evaluación es un incentivo para poner los medios para lograr buenos resultados. Lo cual no debe llevarnos a descartar que hay personas que se esmeran en obtener buenos resultados aunque no los vea nadie, pero éstos son los menos. Los demás obtenemos adrenalina de la inminencia de la evaluación y convertimos esa adrenalina en acciones. Suprimir o debilitar las pruebas, las evaluaciones, los exámenes, eliminaría esa fuente de motivación, de incentivo. Eliminaría esa espuela de la cual tanto hemos obtenido en nuestro camino.

Las evaluaciones proveen información. Eliminar las evaluaciones –o de cualquier manera- mutilarlas, sería como emprenderla contra el termómetro porque nos alarma la fiebre del paciente. Sería mitificar las evaluaciones, lo cual me temo que podrían estar haciendo tanto los que las defienden como los que las atacan. Las evaluaciones contribuyen a la calidad del resultado pero no son el único factor ni el de mayor impacto. Son un medio para que se puedan concebir acciones correctivas que miren hacia el futuro, pero mucha de la mitificación que se hace de ellas, las hace residir en el pasado: Ud. salió mal evaluado por su jefe, o en el examen escolar, por tanto, es un estigmatizado, es el mediocre del grupo de trabajo o el mal estudiante. Las evaluaciones deberían ser menos dramáticas y sus resultados menos permanentes que los correspondientes a una sentencia judicial. Pero eso no es así, muchos jefes, padres y maestros, utilizan las evaluaciones no como fuente de información sobre lo que hay que mejorar, sino como juicios contundentes sobre las carencias del evaluado. Entonces las evaluaciones no son un instrumento de trabajo sino un criterio de exclusión. Dice Drucker en un libro de hace unos treinta años,que las evaluaciones que se hacen en las empresas tienen por propósito determinar de qué carecen los colaboradores y que por eso los japoneses no las utilizan, porque como el empleo es vitalicio, o sea que no se puede despedir a nadie, no tiene sentido saber de qué carecen las personas. Que lo que hay que saber es cuáles son sus fortalezas, porque solo se construyesobre las fortalezas.

El viejo dicho de que la letra con sangre entra, ni es totalmente falso, ni está totalmente en desuso. Hay que hacer esfuerzo para obtener buenos resultados. El esfuerzo es menos popular que la holganza. Sin disciplina no se pueden realizar esfuerzos sostenidos. Esto es cierto tanto de hacer gimnasia como de aprender geometría.Pero creo que todos hemos tenido la experiencia de haber visto rasgos sadomasoquistas en jefes y profesores, lo mismo que en entrenadores deportivos y especialmente –en las películas- en los sargentos del campo de reclutas.No es infrecuente ver a jefes yprofesores blandir las evaluaciones como amenazantes armas posibles, olvidando que una parte importante de su función consiste en entusiasmar.

Esto diferencia a jefes y maestros dictatoriales, de los maestros con espíritu de tutores y de los jefes “coach”. Para éstos es venga salte y yo lo ayudaré a saltar más alto. Para aquéllos esya yo salté lo propio, por eso ahora usted salta y yo miro y como no alcance el resultado, yo, la autoridad le castigaré. Para éstos la evaluación es un punto de partida de nuevos esfuerzos para mejorar. Para aquéllos, es un punto de llegada: se quedó, falló, no hay aumento de salario, ¡Fuera! Para éstos es examen de conciencia y propósito de enmienda. Para aquéllos, es juicio final.El resultado de la evaluación es para unos el punto de partida de una relación más constructiva, para otros, el punto final de un proceso de amenaza que ahora se concreta en una venganza. Claro que hay que mantener las evaluaciones, pero hay que hacerlasmás fecundas. Pero aunque fueran perfectas, ellas por sí solas, no van a resolver el problema de la calidad del resultado.

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