Transductores

Publicado en La Nación el 2 febrero, 2004
Categoría: Convivencia
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Dice el diccionario que un transductor es un dispositivo que transforma el efecto de una causa física, por ejemplo la temperatura,en un tipo de señal, normalmente eléctrica. Un aparatito que sonara un silbato o encendiera una luz al llegar la temperatura de una habitacióna los 25 grados, sería un transductor. Un parlante, que transforma impulsos eléctricos en sonido, también lo es. La trama de la película “Cadena de favores”se teje alrededor de que alguien anda por ahí haciendo buenas obras por otros, sin aceptar ninguna compensación, más bien imponiendo a los beneficiarios la obligación de hacer una buena obra que beneficie a otros. Una dinámica semejantepodría ocurrir con respecto a los dones. Los dones son regalos. Son circunstancias o rasgos que tenemos,encontramos o disfrutamos,sin habernos esforzado en construirlos, sin haberlos comprado, sin haber pagado por ellos. Los economistas dirían que son economías externas. Supongamos que vivimos en una urbanización donde una persona tiene tres lotes contiguos y que un día decide hacer un parque y permitir el acceso de los vecinos. Ninguno de los vecinos habrá pagado por el parque, pero obtendrá beneficios de él. Se esperaría que los vecinos no solo no dañaran el parque sino quecontribuyeran a embellecerlo y a hacerlo más disfrutable.

Algo semejante ocurre con otros dones, con otros regalos que encontramos por ahí. Cuando trabajamos en una empresa sólida, estable, prestigiosa, disfrutamos de unas circunstancias beneficiosas. Quienes han trabajado en empresas condificultades einestabilidades, saben cómo esas circunstancias lastran los afanes y los entusiasmos. ¿Por qué entonces muchos de quienesforman parte de empresas sanas, pujantes, dinámicas, no sientenalimentado cotidianamente su entusiasmo? Dicen que el pez no se da cuenta del agua en la que vive. Nosotros no nos damos cuenta de lo agradable del clima en el cual vivimos, excepto durantelos segundos que dura la noticia de que en Nueva York hay una tormenta de nieve. Así también, es la gripe la que nos lleva a valorar la salud y los dolores musculares después del ejercicio intenso del fin de semana, nos hacen conscientes de la suavidad con la que funcionan las rodillas normalmente.

El agradecimiento es un buen transductor que utilizamos poco. Con él podemos transformar el efecto de las circunstancias propicias que nos rodean, en algún tipo de señal constructiva: puesto que he recibido esto, en agradecimiento, haré tal cosa. . Por ejemplo, podríamos transformar la percepción de nuestra salud, en laboriosidad; el tiempo disponible, en ocio creador o en trabajo; la amistad y el apoyo de quienes nos rodean, en presencia de ánimo para emprender en proyectos novedosos ; las muestras desimpatía que recibimos, en buen ánimo para con los demás;el cariño recibido, en cariño mostrado; nuestras habilidades, en servicio;nuestra madurez, en comprensión;nuestra claridad mental,en enseñanza; nuestro entusiasmo y nuestra visión, en disposición a orientar a otros. Se necesitaría, en primer lugar, la sensibilidad ética para decidir que las relaciones que tenemos con los demás, no van a regirsepor el “cada uno para su saco” sino que de igual manera que nos hemos beneficiado con lo quehemos recibido de padres, maestros, mentores, pareja, hijos,amigos, jefes, es apenas equitativo que,aunque no es obligatorio, demos algo a cambio. En segundo lugar es necesario que de tiempo en tiempo hagamos un inventario de las economías externas que nos rodean, de los dones quehemos recibido, y pensemos en las enormes posibilidades de bajo costo que tenemos de convertirlas enseñalesconstructivas hacia quienes trabajan o conviven con nosotros.

Podemos convertir la culpa en buenas acciones. Miremos la culpa, reconozcamos el haber actuado mal, pero no nos quedemos estacionados en un cortocircuito de lamentos o de remordimientos. Busquemos las formas de restaurar la armonía que rompimos con nuestra falta y dediquemos tiempo y esfuerzo a reparar. Sin compulsión. Sin flagelarnos. Simplemente regocijándonos por nuestra buena disposición y por la oportunidad de ejercitarla.

Podemos recibir agravios y en vez de rumiarlos con amargura, convertirlos en referentes para practicar el comportamiento opuesto a aquél que nos los causó.

Lo que dejamos de hacer hoy, que no nos quite el sueño. No lo convirtamos en pesada carga que nos recuerde nuestra negligencia. Aticémoslo como energía desde la cual saquemos el impulso para excedernos mañana.

Que el olvido y la omisión pasados, se conviertan en más atención y esmero futuros. Que la pérdida no sea una mutilación, sino una poda de la cual surjan brotes fecundos.

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