Un saludo a la bandera

Publicado en La Nación el 12 enero, 2004
Categoría: Responsabilidad
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Cuando se redacta un acuerdo, se formula un plan,se escribe una norma,hay que cuidarse de que las palabras no sean solo viento. Que no sean lo que la gente llama jarabe de pico. Escuchamos en las reuniones de trabajo que algunas personas se quejan de que tal o cual formulación constituyen simplemente un saludo a la bandera. Es decir, algo en lo que todos estamos de acuerdo pero que serápoco eficaz para afectar la realidad.

Las palabras son como proyectiles. Cuando lanzamos una piedra, describe una parábola: arranca, se eleva, llega a un punto máximo y luego va descendiendo. La parábola, como lo sabe cualquier estudiante de física elemental, es la consecuencia de la gravedad, la cual se opone a que las cosas alcen vuelo, lo cual ya dejó de ser física y empezó a ser poesía.Cuando se lanza un proyectil auto-propulsado, éste no se ve sometido a la fatalidad de la parábola y puede ir más lejos, tanto como lo lleve el combustible disponible. Algunas formulaciones verbales, algunos propósitos, algunas normas, son como piedras que lanzamos y que ya sabemos más o menos a qué distancia van a decaer y olvidarse. Son los saludos a la bandera. Pero algunas formulaciones tienen detrás de ellas el combustible del compromiso, del deseo, de la pasión por quese cumplan y permanezcan.

El uso gasta las palabras. De ahí que necesiten mantenimiento y reparación. Se puede hablar de calidad o de excelencia, de esmero o de servicio al cliente, de lealtad entre los amigos, de fidelidad entre los cónyuges,pero dichas expresiones tienen que ser revitalizadas. Las palabras, los conceptos se revitalizan reflexionando sobre ellas, reflexionando sobre la conveniencia que tienen parala organización, para la persona, para la pareja; evaluando los logros, congratulándose con los éxitos, lamentándose de los retrocesos y haciendo propósitos de enmienda. También se llenan de vida las palabras y los conceptos, cuando las acciones las van convirtiendo en realidades tangibles. Si la empresa que desea mejorar el servicio al cliente, hace cada dos meses un panel de clientes para recibir retroalimentación, el concepto se encarna en ese panel. Si los amigos se ayudan mutuamente, esos actos de ayuda encarnan la lealtad. Gorbachov, habló de transparencia (glaznot), redujo la censura, alentó la comunicación y el concepto que pudo haber sido vacío –un simple saludo a la bandera- transformó radicalmente a la Unión Soviética. Juan XXIIIhabló de dejar que el aire fresco entrara por las ventanas de su iglesia. Hasta ahí, todo hubiera sido una bonita expresión. Pero fue más allá y convocó al Concilio Vaticano II e inició uno de los movimientos de renovación más profundos del milenio.

Una ley no debe suponer buena voluntad de la gente llamada a cumplirla. La sanción asociada la hace eficaz jurídicamente.Sin una sanción que incentive su cumplimiento la ley sería pura palabrería. Pero en la relación corriente entre personas, no se pueden establecer sanciones formalespara el incumplimiento. Por eso las palabras, los acuerdos, los compromisos, las promesas, tienen más o menos valor según la seriedad de los participantes.Cuando podemos tener confianza en sialguien dice que va a llegar a las diez es porque va a llegar a las diez y no cuando tenga tiempo, le estamos aumentandocomunitariamente, el valor a la palabra.El valor de lo pactado o de lo dicho depende de la disposición, de la resolución, de la actitud. Sin esas condiciones podríamos caer en el cinismo cultural: estamos de acuerdo en asumir compromisos,en promulgar normas pero en el fondo de nuestro ser no estamos dispuestos a cumplirlos. Que algo sea un saludo a la bandera o la expresión verbal de algo que se convertirá en realidad y dejará huella, depende de la forma como respaldemos nuestros dichos. Con nuestro ejemplo. Con nuestro prestigio. Con nuestro apego a lo que se propone. Abandonadas a sí mismas, las palabras se las lleva el viento.

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