Fúmese este purito

Publicado en La Nación el 8 diciembre, 2003
Categoría: Aprendizaje
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Los políticos ante la prensa y la televisión,los profesores ante sus estudiantes, los colaboradores ante sus jefes, siempre se sienten obligados a dar respuesta a las preguntas que se les hacen. Esto se explicaría si los interrogados fueran genios o si las preguntas que se les hacen fueran cajoneras. También se podría pensar que esa compulsión a responder se debe a que perciben que en el medio se valora más el conocimiento, aunque sea aparente, que la responsabilidad de manifestar que sobre un asunto no se ha pensado suficiente. Esto podría mostrar que se valora más la cantidad de conocimientos que se posee, que la destreza para adquirir nuevos conocimientos. Por así decirlo, se estaría suponiendo que el votante o el estudiante valoran más a una persona que sabe mucho que a una que sabe aprender, buscar, investigar, pensar.

Vivimos en un mundo donde la masa de conocimientos existentes es muy grande. Alguien decía que si Aristóteles apareciera por aquí, cualquier estudiante de colegio le podría contar cosas que lo dejarían boquiabierto. Y Ortega dijo hace unos setenta años que la tarea más urgente de las universidades era inventar una forma de manejar la inmensa cantidad de conocimientos existentes. Imaginemos lo que habría que decir hoy después de varias décadas verdaderamente explosivas en cuanto a creación de conocimiento.

Hace cuarenta y tantos años cuando iniciábamos los estudios universitarios, los libros eran escasos, no existían las fotocopiadoras, de manera que la posesión del libro daba poder al profesor. Entonces su palabra era santa palabra. Hoy es frecuente dar una lección o una charla y que a la hora de los comentarios, haya personas en el público que amplíen o cuestionen algunos contenidos expuestos,porque leyeron en una revista o en la red una información más fresca que la que tiene el expositor. El conocimiento está más repartido, el acceso al conocimiento es más amplio, y el poder va migrando de los que saben hacia los que saben buscar. Estamos en la era de los estudiantes con posibilidad de ser tan ilustrados como sus profesores y de los pacientes que cuando son responsables aprenden mucho de sus dolenciasy sus terapias y van modificando la relación tradicional médico-paciente.

Creo que la mente sabe qué hacer con las preguntas que no nos apresuramos a contestar. Tanto que hablamos metafóricamente de rumiar una pregunta. Ese efecto de rumia se interrumpe cuando damos una respuesta, de ahí que sea una buena disciplina, ante ciertas preguntas, pedir tiempo para dejarlas dando vueltas en los molinos de la mente. Luego encontraremos respuestas enriquecidas,mejores que las que hubiéramos podido dar intempestivamente. La expresión “me cayó la peseta” muestra el fenómeno de algo que no entendimos a la primera, pero sobre lo que de pronto se hizo la luz. Lo cual muestra que a pesar de que creemos que gobernamos nuestra mente a voluntadhay procesos que se van dando sin que nos demos cuenta de ello: no entendemos, dejamos de hacer esfuerzos por entender y de pronto nos cae la peseta.

Alberto Di Mare solía plantear preguntas, advirtiendo que no esperaba una respuesta o que no la esperaba con rapidez. De manera muy graciosa, en tales casos siempre agregaba “ahí le dejo este purito para que se lo fume”. Algunos puritos que vamos recogiendo en nuestro trabajo, en nuestros estudios, en nuestra vida cotidiana, tal vez nunca lleguemos a encenderlos y fumarlos, pero traerlos por ahí, volver a verlos y continuar rumiándolos puede ser una buena práctica. Por lo menos es un antídoto para un vicio intelectual muy perjudicial que se adquiere cuando se acepta la necesidad de responder a todo, y es queterminamos, como dicen los muchachillos en los exámenes, bateando la respuesta.

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