Costarricenses o ticos

Publicado en La Nación el 24 noviembre, 2003
Categoría: Artículos
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Los psicólogos hablan de disonancia cognitiva. Es lo que ocurre cuando dos cosas que presenciamos parecen no coincidir. Por ejemplo, la primera vez que vamos a una playa con abrigo, experimentamosun conflicto entre nuestraexperiencia de playa tropical igual a sol y calor y el frío que hace en ese momento, como lo estará haciendo dentro de un mes, en cualquier playa más al norte del paralelo cuarenta. Se produciría también una disonancia cognitiva cuando fuéramos a buscar al jefe de un grupo de leñadores en una gran operación forestal y nos apareciera como tal un jovencito menudo, con anteojos sin aros y digamos, vestido con corbata. Como que no nos calza que al presidente de un banco le llamen Juancito o que al jefe de la policía de una ciudad sus oficiales le llamaran Chepillo.

Eso mismo nos ocurre cuando vemos quelos costarricenses se dejan llamar ticos. Y más aún cuando se ufanan de ser llamados así. Y ya puestos en especulaciones subjetivas, pensamos que el recurso a auto-denominarse tico es como la obtención de una minusvalía que nos da derecho a no competir o que nos permita ufanarnos desproporcionadamente de los logros, porque no se esperaba que lo lográramos. Existe el mito de que los triunfos del que puede poco, hay que celebrarlos mucho por inesperados. Todos nos alegramos mucho cada vez que David vapulea a Goliat.

Si uno se denomina a sí mismo minusvalorativamente podría ser que estuviera pidiendo que no lo pongan a prueba. O que estuviera comprando un seguro para el caso de no salir bien librado de la prueba. ¡Claro! Ya nos había dicho que no podía. No es extraño que no haya podido. No lo rechiflemos. O podría ser que estuviera manipulando para obtener una aprobación extraordinaria. “No parecía que pudiera hacerlo. Cómo nos sorprende y admira que haya podido hacerlo”.

En una época los países con potencial eran los que tenían vastos territorios, gran población, grandes yacimientos de hierro. Esos eran requisitos de éxito en la sociedad industrial. En la sociedad post industrial, los requisitos son otros, porque los insumos que le agregan más valor a los productos están relacionados con el conocimiento. Entonces nuestro país tal vez se podría haber minusvalorado hace cien años por no tener gran territorio, gran población, grandes yacimientos. Hoy eso no tiene sentido. Hace un siglo, los escasos visitantes extranjeros resaltaban aspectos bucólicos de nuestra manera de ser, nuestra pequeñez, nuestra sencillez.Posiblemente nos gustaron los elogios y los conservamos aun cuando la realidad ha cambiado tan drásticamente. A cuestionar pues la forma como nos ufanamos de ser llamados ticos, y desde luego las razones por las cuales nos autodenominamos de esa manera.

Son costarricenses, no ticos, quienes han contribuido a que el país irrumpa en los mercados de productos no tradicionales: productos informáticos, médicos, de agriculturas sofisticadas. Quienes en las universidades del mundo, compiten de igual a igual con estudiantes de países con historias más largas o ingresos más elevados. Quienes colaboran en un plano de igualdadcon colegas del mundo en empeños de investigación y desarrollo.Quienes establecen alianzas con empresas de clase mundial. Quienes conducen empresas que comparan su rendimiento no con las de otros países subdesarrollados sino con las de los países que van a la vanguardia.

Si nuestra imagen como ticos tiene como rasgos la impuntualidad, el desorden, la falta de excelencia, la falta de seriedad, la falta de responsabilidad, tomemos los ejemplos que muchos costarricenses exitosos nos han dado, en los estudios, en la empresa, en la vida intelectual, en la política y démonos un sacudón que de una vez por todas nos quite las barreras dentro de las cuales nos hemos auto-encasillado.

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