Exámenes finales y gestión de calidad

Publicado en La Nación el 17 noviembre, 2003
Categoría: Aprendizaje
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El control de calidad en las empresas ha venido evolucionando. Hace cuarenta años consistía en que al final de la línea de producción, alguien iba revisando los productos y diciendo “éste pasa, éste no pasa”. Supongamos que se trata de zapatos. Entonces se rechazan los que tienen defectos en las costuras por ejemplo. Eso sería equivalente a un sistema educativo donde los estudiantes se jugaran todo al examen final, lo cual en algunos casos no es alejado de la realidad. Entonces el profesor está al final de la línea de producción, en noviembre o diciembre, diciendo “éste pasa, éste no pasa”.

Luego se empieza a hablar en las empresas de calidad total y se dice que no tiene sentido ver al final de la línea de producción si los productos salen bien o no. Que es importante verificar si las máquinas están bien ajustadas, si la materia prima es de buena calidad, si los trabajadores están bien entrenados, porquede esos factores depende que el producto al final salga bien. Se pierde mucho si esperamos a ver el producto final y lo vamos sentenciando “está bueno, está malo” cuando ya nada se puede hacer o cuando las acciones correctivas serían de alto costo. De nuevo, en materia educativa esto equivale a que durante todo el año se vaya verificando si los maestros exponen bien las clases, si ponen adecuadas tareas, si los estudiantes ejecutan los ejercicios y trabajos cuidadosamente, si los recursos de apoyo son eficaces y están disponibles. Entonces la calidad de los resultados no es algo que algunos tienen y otros no, sino una meta que nos proponemos al principio del año y que si vigilamos todos los insumos –los ingredientescomo diríamos en la cocina- forzosamente ocurrirá la calidad, no como un premio de la lotería, ni como un milagro, sino como un resultado lógico y esperado.

La idea más desafiante es la de gestionar la calidad, esto es, producirla. Producirla a pesar de los pesares. Si los trabajadores no tienen suficientes destrezas, pues a entrenarlos. Si los equipos se desajustan con frecuencia, pues a redoblar esfuerzos de mantenimiento y reparación, si las materias primas a veces fallan, pues a cambiar de proveedor o a mejorar los procedimientos remediales. Ya la calidad no es algo que se pueda esperar si todos los ingredientes van bien, sino algo que hay que producir.En nuestra analogía con la educación, podríamos pensar que un buen sistema educativo es aquél que no supone que todos los maestros son excelentes. Ojalá todos lo fueran. Pero como sabemos que unos lo son y otros no, un buen sistema tiene que hacerse cargo de esa realidad y entonces suplir con recursos, con involucramiento de los padres, con técnicas como por ejemplo que unos estudiantes fueran tutores de otros, con distintos libros de texto, con ayudas audiovisuales, las deficiencias que pudieran tener los maestros. Sería bueno que los colegiales, como parte de su proceso de maduración, fueran asumiendo la responsabilidad por sus resultados estudiantiles, no importa cuán bueno o malo sea su profesor. Los chicos se excusan cuando fracasan en que el profe no sabe explicar, o que no les despierta interés. Se equiparían muy bien para su vida adulta si aceptaran el desafío de aprender a pesar de esos pesares. De esa manera le estaríamos introduciendo al sistema educativo la virtud de ser “a prueba de malos profesores”, lo cual no es ningún sueño porque mucho de nuestro aprendizaje es autodidacta desde edades tempranas. Como dice Russell Ackoff, cuando estamos dedicados aactividades educativas debemos entender que nuestro negocio es el aprendizaje y no la enseñanza y que el buen profesor no es el que enseña sino el que hace que el estudiante aprenda, que no es lo mismo.

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