El estudiante como consumidor

Publicado en La Nación el 10 noviembre, 2003
Categoría: Aprendizaje
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Cuando un profesor llega tarde se le recibe con frecuencia con las mismas palabras “profe, ya nos íbamos”, conel sentido de “qué lástima que vino. Ya sentíamos que nos habíamos ganado estas horas sin clase”. Algunosestudiantes son los únicos clientes que se alegran si no les prestan el servicio por el cual han pagado, lo cualmuestra la aspiración de grandes grupos: cómo obtener el resultado sin tener que pasar por los rigores que eso implica.

En las universidades los académicos valoran la calidad. Hasta quienes no han sido suficientemente rigurosos como estudiantes, lo son como profesores,bien porque aprendieron el valor del rigor o porque quieren desquitarse. Algunos hasta parecen sado-masoquistas en su fase sádica: son los que examinan sobre la nota al pie de página que nadie vio porque solo venía en el libro de la última edición. O los que incluyen en el examen el problema que tiene la historia de que solo ha sido resuelto por el cinco por ciento de los estudiantes. Pero extremos aparte,es razonable que quienes conducen procesos de enseñanza-aprendizajequieran darle calidad al producto¿Pero lo quiere el estudiante?

Los móviles que llevan a un consumidor a comprar una camisa son abrigo, elegancia, duración, facilidad de mantenimiento. Podríamos decir que los motivos que llevan a unestudiante a enrolarse en un determinado programa de estudios, sonla adquisición de conocimientos y el diploma. Lo malo es que algunos valoran desproporcionadamente el diploma. De hecho, hay un mercado de diplomas. En la Internet circulan ofertas de a tantos dólares una maestría. ¿Para qué un diploma en ingeniería si se ignoran los principios de la física? Podría ser para exhibir el diploma y no ejercer. O para conservar o adquirir un puesto en el que es requisito formal ser ingeniero, pero no es necesario serlo. O para una vez con el diploma, ir aprendiendo lo necesario para llegar a medio merecerlo.

Si una empresa fabrica camisas, sus utilidades a corto y largo plazo dependen de que las camisas sean de buena calidad. Si una universidad produce conocimientos superiores, su supervivencia depende de la calidad de sus graduados. Por eso, en el proceso, algunos resultan eliminados ¿Cuántos? ¿Treinta, cuarenta por ciento?Si una universidad “produce títulos” podría pensarse que puede emitir títulos indefinidamente y seguir haciendo negocio, lo cual no es cierto. En cuanto sus “graduados” llegaran a un cierto número, ya se sabría cómo valorarlos. El peligro para la sociedad está en que una universidad combinara ambos “negocios”, esto es graduara bien al sesentapor ciento de sus estudiantes que de todas maneras lo lograrían y se hiciera de la vista gorda con la calidad del otro cuarenta por ciento. Entonces la sociedad tendría el trabajo de discriminar cuáles son de los unos y cuáles de los otros y eso es socialmente costoso. He aquí una buena razón para que los buenos estudiantes no toleren que su universidad sea complaciente con los mediocres, o para que los estudiantes no miren con tolerancia a sus compañeros que hacen trampa.

En las universidadestodos los días se tienen noticias de cómo algunas compiten con otras a base de “véngase para acá, aquí no somos tan exigentes”. Lo cual lleva a fantasear en la viabilidad deque un gimnasio nos dijera “enrólese en el Gimnasio el Relámpago: le prometemos que no va a transpirar”. Todos sabemos que en materia de esfuerzo físico, si no duele es porque no nos estamos esforzando suficiente. Los años de universidad, como las horas de gimnasio, han de ser años de crecimiento armónico, en los cuales se crezca con lo que se está aprendiendo, con las interacciones sociales propias de la edad, con el contacto con el arte, con la ética, con el ejercicio de la creciente autonomía y de la creciente responsabilidad.

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