Fricción cero

Publicado en La Nación el 29 septiembre, 2003
Categoría: Artículos

A veces, ante lo difícil que nos resulta llevar adelante una propuesta, un proyecto,casi sentimos nostalgia de que éste fuera un mundo sin fricción. Que todo el mundo fuera razonable. Que todos tuvieran voluntad de armonía constructiva. Que existieran péndulos que una vez puestos en marcha, no se detuvieran nunca; bicicletas que con un golpe de pedal recorrieran toda la llanura; automóviles que con diez pesos de gasolina recorrieran kilómetros y kilómetros.Pero esta ausencia de fricción tendría también sus consecuencias negativas, porque si tal fuera el caso –cito a un entusiasmante profesor de física-no podríamos caminar porque nuestros zapatos resbalarían en el camino, los vehículos no se sostendrían en la carretera, la cual tendría el mismo comportamiento de un vidrio plano jabonado,los clavos se saldrían de su sitio sin esfuerzo y las estructuras de madera quedarían más estables amarradas que clavadas. La realidad es como es y parafraseando a Melvin en la película “Mejor imposible”: ¡Tal vezesta realidad es la mejor que pudiéramos tener!

Sentimos la fricción en las empresas, cuando “nuestras excelentes ideas” tropiezan con las ideas de los demás y nos lamentamos de que las cosas sean tan difíciles. O cuando encontramos comportamientos incómodos con los cuales solo se puede lidiar haciendo un esfuerzo de aceptación. Entonces pensamos –equivocadamente- que buenas relaciones interpersonales serían aquéllas en que los comportamientos de todos fueran a pedir de boca. Aunque el realismonos diceque las buenas relaciones interpersonales están basadas en que cada uno seacada uno, tenga sus cadaunadas y todos ejercitemos la tolerancia.

Y de ahí saltamos a la vida en sociedad y vemos cómo el poder,con frecuencia,hace que quien lo tiene, empiece a sentir que sería excelente que todos hicieran lo que él o ella decretan –lo cual es equivalente a decir, que sus decretos no se vieran sometidos a la fricción- .Dicen que el Diablo vio muy admirado cómo a Dios le habían salido las seis etapas en las que hizo su creación. Y que seductor como es le decía: Qué bien te salió todo esto y qué rapidito que lo hiciste. ¡Si querés te lo organizo!La tentación de organizar está siempre presente. Y tiene dos raíces. Una raíz es la de que al candidato a organizador no le gustan las cosas como son. La otra es la de que siente quepodría poner a funcionar todo de mejor forma. El régimen soviético que tanto sufrimiento causó a la humanidad, no fue el producto de la maldad del corazón de Marx y Lenin, sino que fue el resultado de creer que alguien podía tenerel conocimiento suficiente como para organizar la sociedadde mejor manera.La tentación de crear un mundo sin fricción.

Una lección que todos deberíamos aprender es la de que nadie tiene el conocimiento necesario para poner a funcionar mejor una cosa muy compleja, como la convivencia económico-social. Es más, sobre esos asuntos tan complejos tenemos más bien una ignorancia muy grande. Si queremos restaurar un ecosistema, por ejemplo hacer que Guanacaste volviera a ser como era hace sesenta años, podríamos intentar diseñar un jardín, y fracasaríamos. O podríamos dejar que la naturaleza, dejada a su libre dinámica, se restaurara a sí misma. Vayan al Área de Conservación de Guanacaste y vean lo que la naturaleza hace si la dejamos solita. Entonces, cuando unasunto es complejo y muy importante, lo mejor es dejarlo que se desarrolle según sus propias reglas espontáneas, legislarlo y reglamentarlo lo menos posible y que entre todos, cada uno individualmente en uso de su libertad, vayamos adaptando esa cosa a nuestras necesidades. Quien pretende crear un mundo más feliz a punta de leyes, podría estar haciendo como el insensato que quisiera que desapareciera la fricción.

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