Enclocharse

Publicado en La Nación el 15 septiembre, 2003
Categoría: Artículos

El “cloch” es un mecanismo que permite hacer pasar a las ruedas del auto,el movimiento que produce el motor. El aprendiz de chofer tiene grandes dificultades en comunicar ese movimiento con suavidad, sin la cual el auto salta en espasmos que hacen que quien le está enseñando a conducir se asuste ygrite ¡meta el cloch,meta el cloch ! En la conversación habitual se denomina enclocharse a lo que ocurre cuando estamos diciendo algo y no encontramos la palabra que necesitamos o de alguna manera se detiene la fluida comunicación y pega saltos o se bloquea del todo. La metáfora tiene su sentido:ahí está el cerebro produciendo ideas sobrelo que hay que decir, y el aparato de hablar que de pronto como que se desconecta y deja de procesar el flujo de ideas. Según esto, podríamos decir que lo contrario de enclocharse es hablar con fluidez. El tema es promisorio porque también existen enclochamientos que no son verbales como pasamos a ver.

En términos comunes, el fresco, el despreocupado no produce nada. Si estamos moderadamente preocupados, tendremos energía libre para trabajar en lo que nos preocupa. Si estamos preocupadísimos, nuestro cerebro a alta velocidad produce imágenes sobrecogedoras sobre cosas negativas que nos va a ocurrir. Esto nos paraliza e impide que las ideas constructivas se traduzcan en acciones. Estamos enclochados. Por preocuparnos, no podemos ocuparnos.

Cuando recibimos una ofensa o un mal trato, nos resentimos. Pasamos esa percepción al cerebro y éste dispara una serie de imágenes e ideas que ocupan nuestra atención: ¡Qué persona tan malagradecida, si supiera lo que la queremos, con lo respetuosos que hemos sido con ella! Y si el resentimiento llega a ser muy intenso, no podemos utilizar esa energía en acciones constructivas. El resentimiento es una defensa de nuestra autoestima, pero cuando es intenso y nos lleva a cortar la comunicación con la persona que nos hizo la mala pasada, estamos enclochados. Porque lo constructivo es buscar a esa persona, decirle lo que nos ha dejado mal sabor, sugerir reglas para que en el futuro no nos hagamos sentir mal mutuamentey tratar de remendar la relación.

Cuando no nos gusta el comportamiento de una persona –un colaborador, un jefe, un pariente cercano, un amigo-podemos dedicar la energía que su comportamiento nos produce, a lamentar que sea así, o a compararlo con nuestro comportamiento el cual siempre pensamos que es excelente. O podemos transformar esa energía en murmuración yandar contándole a quien se deje, cómo es fulanito. Pero todo eso nos cierra el único camino existente para mejorar una relación: pedirle a esa persona que hagamos el ejercicio de señalar cada uno, los cambios de comportamiento que pensamos beneficiaránla relación.Pero eso no se puede hacer si uno está enclochado y todo lo que hacees seguir rumiando sobre los defectos de fulanito.

La frustración, la ira, por algo que no salió como esperábamos, también constituyen un enclochamiento. Fluir, en cambio, es preguntarse cómo podemos mejorar lo que falló o cómo podemos accionar en el futuro para no volver a obtener los mismos pobres resultados. La culpabilidad por haber perdido el tiempo –en una investigación, en la redacción de un informe en la preparación de un examen- puede conducir al enclochamiento. En cambio preguntarse qué es lo mejor que se puede hacer con el tiempo que aún queda y ponernos en marcha, es un ejemplo de lo que es fluir. Las energías provenientes del agravio, del problema, de la culpa,son como el agua retenida en una represa. Sólo hasta que la hagamos pasar por el generador, podemos transformarla en electricidad, en trabajo, en acción, en posibilidades constructivas.

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