Ignorancia y bicicletas

Publicado en La Nación el 25 agosto, 2003
Categoría: Artículos
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Espero que de estas reflexiones se obtengan resultados positivos. Siento algún temor de que pudieran interpretarse como un elogio de la ocurrencia, cuando lo que pretenden ser es un elogio de la exploración. Si quisiéramosescribir un instructivo sobre cómo andar en bicicleta, nunca conseguiríamos enseñarle a nadie a conducirla. Si quisiéramos convencer científicamente a quien nunca hubiera visto una bicicleta de que es posible mantenerse sobre ellacuando está en movimiento y prácticamente imposible cuando está en reposo, nunca conseguiríamos que nadie intentara andar en bicicleta, porque el herramental matemático requerido es de difícil acceso. Aprendimos a andar en bicicleta a base de prueba y error y si hubiéramos querido tener toda la certeza de que lo íbamos a conseguir, no lo hubiéramos intentado. ¿En qué se diferencia el procedimiento deprueba y error del hacer a troche y moche?Cuando existe un procedimiento exitoso, sería insensato no seguirlo. Para nadar existe un procedimiento, lo mismo que para bailar o para andar en bicicleta. Pero ninguna persona específica conseguirá nadar, bailar o andar en bicicleta, si no inicia de cualquier manera su intento. Hay que arriesgar. Hay que aceptar que al principio no saldrá bien. Hay que seguir el proceso por medio del cual los niños aprenden a alcanzar los objetos: tienden la mano, miran que no fue a dar con el objeto apetecido, corrigen “la puntería”, intentan de nuevo y vuelven a hacer todo el ciclo. Eso es lo que llamamos prueba y error. Y es llamativo que nos acompañe en aprendizajes tan importantes como asir objetos, caminar, conducir vehículos y en general, con todos los relacionados con el uso de nuestro cuerpo como instrumento.

Si alguien nos mostrara un cuadrado y nos pidiera que hiciéramos otro con una área cuatro veces mayor, sabríamos con certeza lo que hay que hacer: duplicar la dimensión del lado. Eso es así de sencillo, porque los cuadrados, los triángulos, los círculos, son entes ideales creados por los geómetras griegos. El conocimiento que tenemos de ellos es perfecto. No hay áreas oscuras en la geometría. Las afirmaciones que hagamos sobre ellos no dejan lugar a dudas. Pero si queremos hacer un plan de acción para mejorar el rendimiento de un equipo deportivo, o la eficiencia del grupo de trabajo, o para promover una renovación en el partido político en el cual se milita, ya la cosa no es tan sencilla. Aquí, por más que sepamos del tema, es más lo que ignoramos que lo que sabemos. Entonces el enfoque adecuado consiste en hacerse una idea conceptual de cómo funcionan las cosas, pero no estar dispuesto a poner las manos al fuego por esa idea, sino estar conscientes de que su valor se irá viendo sobre la marcha. Entonces se hará el intento, se verán los resultados, se utilizará el error,se modificará la idea y se volverá a tratar.Tal vez esto explica por qué siento tanta desconfianza con las recetas de hágase rico en veinte días o revitalice su matrimonio en diez sencillos pasos, como se titulan algunos libros que vemos por ahí.

Una imagen sugestiva es vernos como peregrinos quienes transitan por un territorio desconocido, por donde otros pueden haber pasado, pero no en las mismas circunstancias ni con las mismas introstancias (neologismo recién horneado para designar los elementos significativos que están no en los alrededores sino dentro de nosotros). Como peregrinos, sabemos unas cosas, más bien pocas. Y entonces la mayor parte de nuestros resultados y de nuestro éxito, dependen del grado en el cual estemos dispuestos a explorar y de la sensatez con la cual asumamos los riesgos inherentes.

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