Policías y economistas

Publicado en La Nación el 4 agosto, 2003
Categoría: Artículos
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Me ha llamado la atención una reciente nota en la revista inglesa “El Economista”, en la cual se refieren al doble impacto que hace el delito sobre el bienestar de una población. Primero por el daño que causa: agresiones, asaltos, robos, violencia. Y después por el temor que despierta. Vivir libre de temores es una forma de vivir de mayor calidad que vivir atemorizado. Sin duda nuestro bienestar se reduce más por el temor de que nos roben el televisor, que lo que se reduce si cada cinco años nos lo robaran realmente.El autor plantea entoncesque la policía debería atender tanto el delito como el temor que despierta. Esto implica una cierta sensibilidad que puede explicarse en un pueblo, como el inglés, que tiene ochocientos años de haber promulgado su primera carta formal sobre cómo convivir juntos.

Desde un punto de vista de la policía como órgano, como cualquier entidad, como cualquier empresa, debería tener una formulación de lo que es su misión. La misión podría ser una misión encogida: velar por el orden público, velar porque no se cometan delitos, velar por la seguridad de los habitantes. O podría ser una misión más amplia, con mayor profundidad: contribuir al bienestar de los ciudadanos. Y como el temor reduce el bienestar, la policía debería tener objetivos relacionados con la reducción del temor. Entoncescoordinaría con la compañía eléctrica que hubiera alumbrado público adecuado, daría cursos y talleres sobre cómo evitar ser víctima de un ataque, ayudaría, como lo hace nuestra policía, a que los vecinos se organizaran para su propia seguridad,atendería los actos que despertaran suspicacias en los habitantes. De hecho en algunas ciudades un automóvil no puede detenerse durante mucho tiempo en un determinado lugar, sin que un oficial de policía venga a inquirir la razón,porque parece amenazante para la tranquilidad de los vecinos que un desconocido detenga su automóvil en un sitio durante mucho tiempo.

El tema del temor de los habitantes presenta según el articulista, algunas paradojas interesantes. Por ejemplo, el temor no tiene relación con la probabilidad de sufrir un ataque. Señoras mayores de sesenta, cuya probabilidad de ser atacadas es muy reducida, manifiestan grantemor. Y al contrario, varones jóvenes, quienes suelen sufrir más ataques, no tienen tanto temor. Esto, claro está, se podría explicar si se asocia el temor a la capacidad de reacción: un varón joven se percibe a sí mismo como más capaz de eludir orepeler un ataque que una señora mayor. Desde el punto de vista de la estrategia de la policía, esto debería llevar a que se le diera mayor información a los grupos que tienen mayor temor, sobre la forma cómo la policía está organizada para prevenir los delitos.

Un elemento interesante de la notaes el de la relación que hay entre el sentimiento de temor y los métodos que se utilicen para investigarlo. Imaginemos que un encuestador nos pregunta por la calle si tenemos temor de andar por tal o cual área de la ciudad. Inmediatamente pensaríamos que por algo nos lo pregunta y si nos sentíamos muy seguros antes, después de la encuesta nos sentiremos menos. Preguntar, hacer encuestas no es un acto neutral. Si te pasan preguntando por la calidad de la leche que consumes, empiezas a cavilar si le estará pasando algo al producto de lo cual no te has enterado, y crecerá la suspicacia.

La forma más fácil de reducir el temor de los habitantes no es reducir los delitos sino convencer a las personas de que es improbable que les ocurra a ellos, pero eso demandaría que la policía tuviera que desatender algunas de sus funciones habituales y dedicarse a funciones de relaciones públicas y conduciría también a que las personas, ahora más confiadas, redujeranlas defensas habituales contra el delito. Mucho temor es perjudicial, pero el temor suficiente para hacernos actuar cautelosamente, es un bajo costo que se pagaría para evitar ser víctima de una agresión.

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