Una buena persona

Publicado en La Nación el 7 julio, 2003
Categoría: Artículos
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Hace tiempo en la Universidad de Costa Rica se discutía sobre los requisitos que debería tener una personapara aspirar a la rectoría. Me parecía que era ocioso hacer una larga y detallada lista y entonces mi opinión fue la de que se necesitaba una persona que tuviera ideas constructivas para la universidad y que despertara entusiasmo hacia ellas. Warren Bennis, experto en liderazgo, diría que bastaba con que fuera una persona que se conociera a sí misma. Drucker diría que el requisito es que fuera una persona íntegra. Los griegoshubieran querido que tuviera excelencia o prestigio, a lo cual alude en uno de sus significados el complejo término de “areté”. Y si recurriéramos al catecismo con el que muchos fuimos educados para la vida buena y feliz, la lista de requisitos serían las virtudes cardinales – ¿se acuerdan?- prudencia, justicia, fortaleza y templanza, las cuales llegaron al catecismo desde los griegos, ya que fueron preocupación tanto de Aristóteles como de Platón para definir lo que era una comunidad feliz. La virtud no tiene nada que ver con las imágenes que vemos en los templosconlas manitas juntas y los ojos en blanco.Para los romanos, Cicerón por ejemplo, la virtud indica la madurez y la fuerza (virtus de viris = varón, fuerza)

Estas virtudes cardinales no son suficientes para desempeñar exitosamente una función, pero sí son indispensables. Veamos. Durante mucho tiempo en las empresas se privilegiaron los conocimientos. Lo importante eran los estudios que una persona hubiera completado. Pero luego vino Daniel Goleman a sacudirnos con su concepto de la inteligencia emocional y entonces nos dimos cuenta de que personas muy conocedoras de una determinada ciencia o técnica, fallaban en su trabajo porque carecían de habilidades interpersonales o de ciertos rasgos de carácter. Todo esto lo habíamos dejado olvidado posiblemente deslumbrados con lo que se podía hacer con solo el conocimiento.Volvimos entonces a despertar a la realidad de que a una persona genial peroimpulsiva, perversa,blanda, o inclinada a los excesos, era mejor tenerla de lejos que de cerca. Y es entonces que resucitan también las virtudes cardinales o principales.

La prudencia es sensatez, buen juicio. Es distinguir lo que conviene y es deseable de lo que puede ser dañino. Es pensar antes de accionar… y antes de hablar. Es saber encontrar el balance entre la temeridad que es acción que no considera los riesgos y lapusilanimidad que es cautela excesiva y paralizante. En las múltiples oportunidades en que he estado cerca de gerentes que toman decisiones, siempre he encontrado que más allá de la información y más allá de las técnicas, lo que le pone el sello a la toma de decisiones es la prudencia, la cual los gerentes no llaman así, sino que la llaman experiencia, sexto sentido, intuición

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Sobre la justicia, prefiero pensar que más que a asignar a cada cual lo suyo, el término se refiere a lo que en el Antiguo Testamento se llamaba justicia: el estado de conformidad de la persona con una visión trascendente de la humanidad, lo cual podríamos explicar muy bien con la palabra bondad, la cual habla de armonía, de respeto a todos, de incesante búsqueda de oportunidades de mejoramiento para uno y para los demás.

La fortaleza es la presencia de ánimo, el manejo del temor, la capacidad de acometer y sostener empeños difíciles, de lidiar con los resultados indeseados de nuestra acción, con el fracaso y con la adversidad. De accionar a pesar de nuestras limitaciones. Y la templanza es la moderación de los impulsos sujetándolos al uso de la razón: no tanta comida, no tanta bebida, no tanto descanso, no tanta holganza … casi un plan de vida para la buena salud cardiorrespiratoria. Con esto nos ponemos en camino de afirmar con los clásicos que la vida buena, la vida saludable es una vida virtuosa. Lo cual creímos cuando fuimos niños y haríamos bien en volver a creer.

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