Predicar con el ejemplo

Publicado en La Nación el 12 mayo, 2003
Categoría: Contribución
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El sermón, la reflexión, la reconvención, tienen un efecto limitado. Tienen la función de hacer pasar frente a la razón del otro, unos argumentos para que modifique su comportamiento. La palabra tiene poder. Pero la sola palabra no es omnipotente. Puede ser omnipotente cuando deja de ser solo vibraciones sonoras para encarnarse en vivencias, en ejemplos, en realidades, en hechos. En los pasillos en las empresas se escucha a veces la frase “fulanito me convence”. Lo que se quiere decir no es que hemos aceptado los argumentos de esa persona sino que mediante alguna acción, se ha ganado nuestra admiración. Cuando admiramos a alguien, su palabra tiene mayor eficacia. Por esoel palmarés,que es una relación de méritos supera al curriculum cuando éste hace más énfasis en los conocimientos.

La cháchara manipulativa, la arenga, hacen que el entusiasmo de quienes escuchan, crezca como la espuma. Pero de igual forma, baja como la espuma, y entonces deja la frustración que deja el espejismo: creímos que la gloria estaba ahí, al alcance de la mano, y cuando quisimos asirla, se había escapado.Los estadounidenses han acuñado una frase que suena muy bien “uoc d’toc” (walk the talk) para señalar una de las virtudes del líder: hacer lo que dice, dar el ejemplo, sellar con hechos lo que ha puesto en palabras. Al contrario, el liderazgo languidece cuando se le pudiera aplicar al líderaquella frase terrible que dice quetus actos hablan tan fuerte que no me dejan escuchar tus palabras. Nos hemos acostumbrado mucho al discurso, al uso de medios de difusión que nos han llevado a preocuparnos más por la forma del mensaje que por su contenido. Ydel contenido de todo mensaje forman parte tanto los elementos técnicos de lo que hay que hacer y cómo hacerlo, como los fundamentos morales de lo que se desea hacer y la credibilidad de quien nos está invitando a hacerlo.

El liderazgo militar –conducir personas al combate-no me simpatiza,pero sí es un caso de liderazgo muy visible. Ahí hay un conductor que hace que las personas se sobrepongan a su miedo, que emprendan acciones riesgosas y que implican gran sacrificio personal.Se dice que los líderes militares más eficaces son aquéllos que no se concretan a decir “vayan hagan, sino vamos a hacer juntos”. Como dice Kotter, si queremos que un grupo de personas acometa una tarea difícil, no es suficiente con jefearlos, es necesario liderarlos.

Desde hace unos años, en las empresas se habla mucho de valores. Un valor es algo que es deseable. Es algo que consideramos bueno. No se dice en las empresas, pero creo que toda la preocupación por los valores, parte del hecho de que los seres humanos –hay excepciones- nos sentimos atraídos por lo bueno, por el bien. Hay empresas donde sabemos que se practica un determinado valor y como clientes o como colaboradores, esperamos que se lo practiqueen sus relaciones con nosotros.Pero esto lleva a plantear algo sugestivo: sería una falta de coherencia practicar unos valores en la empresa y no practicarlos en la vida privada. Lo cual podría hacer que en el futuro esperáramos undeterminado comportamiento de una persona, por el hecho de formar parte de tal o cual empresa. De la misma manera que hoy podemos esperar un determinado comportamiento ético de una persona por el hecho de pertenecer a tal o cual profesión.

Hablar es fácil. Respaldar con hechos lo que se dice es más difícil. Y tener una conducta permanente en la cual encuentren apoyo y ejemplo todas las palabras que decimos, lo es más aún. Un amigo me maravilló con esta anécdota.El superior de un convento envió a unos monjes a evangelizar una región y los despidió con esta frase:”Id y predicad el Evangelio … y si es necesario, hablad”.

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