Jefatura y temperamento

Publicado en La Nación el 10 marzo, 2003
Categoría: Desarrollo
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Conducir a otros puede consistir en abrirles oportunidades y apoyarlos para que las aprovechen. Eso es lo que hacenun jefe o una madre desarrollantes.Pero para hacerlo se necesita un alto grado de madurez personal y unas circunstancias que permitan dar tiempo a que los conducidos –hijos o colaboradores- vayan respondiendo al método. En la empresa y en los ejércitos en combate, las cosas se hacen siempre bajo presión, sin tiempo suficiente, con menos recursos que los que quisiéramos, y entonces el método se simplifica y se achatay se recurre a dar órdenes. La orden es coactiva. Ya no es una invitación a desarrollarse, sino una conminación a hacer algo so pena de tal o cual sanción. En el caso de los padres, podría llevarlosal autoritarismo,el temor de que los hijos, dejados en libertad, les produzcan sorpresas desagradables.

Entre las personas que ejercen autoridad, las hay suaves y firmes. La firmeza a su vez puede ser cordial, dura, ruda, cruel y soberbia. El jefe suave no consigue gran cosa. Da una orden y el colaborador puede conseguir fácilmente más plazo, menores exigencias, o hasta que lo liberen del encargo y se lo asignen a un compañero. Lo opuesto a la suavidad es la firmeza, pero esta tiene matices de forma. Una jefe firme y cordialda una orden con amabilidad, con respeto, con consideración, dispuestaa dialogar sobre las circunstancias que afectan al encargo o a la persona, sin levantar la voz; perosus colaboradores saben que deben cumplirla. Su retroalimentación es constructiva: “El encargo es difícil, pero yo se que Ud. tiene todas las condiciones para ejecutarlo”.Un jefe firme y duro, da la orden fríamente. No acepta réplicas. Casi no acepta preguntas. Es como si temiera que un poco de cordialidad debilitaría su posición. O como si sintiera tan desagradable el acto de dar una orden que quisiera acortarlo. Cuando el colaborador reacciona y empieza a preguntarse sobre los detalles del encargo, ya el jefe no está ahí para responderle.

Hay personas que ejercen la jefatura de manera firme y ruda. Suponen que autoridad y consideración o autoridad y cortesía son incompatibles. Las preguntas aclaratorias las responden de manera despectiva. La retroalimentación que le danal colaborador es destructiva: “No se queje de este encargo. La verdad es que Ud. nunca hace nada”. Por extraño que parezca, también hay estilos de jefatura que son firmes y crueles. Crueldad es deleitarse en hacer sufrir o complacerse en los padecimientos ajenos. Hay trazas de crueldad en el regusto de hacer un encargo con tiempo o recursos muy limitados. O en el encargo-trampa: “Para que se convenza de queno puede hacerlo”. O en la retroalimentación que erosiona la autoestima de quien recibe el encargo: “Si estuviera fulanita se lo encargaría a ella, pero como anda de viaje, no tengo más remedio que encargárselo a usted”. La crueldad, en ocasiones, va ligada con la soberbia y entonces en cada orden que se da a los colaboradores el jefe deja traslucir lo lamentable que le resulta tener que trabajar con personas que están a tanta distancia de sus extraordinarias capacidades.

Nuestro estilo de conducir personas tiene que ver con nuestro temperamento: unas personas son más autoritarias, otras son más participativas. Pero tiene que ver también con los modelos que hayamos tenido: nuestros padres, nuestros maestros, nuestros jefes anteriores. Si alguien a lo largo de su vida ha tenido que soportar figuras de autoridad rudas, crueles, soberbias, podría simplemente emularlas. O podría elegir romper la cadena. Que un comportamiento sea explicable, no lo hace aceptable.Tan importante como aprender lo positivo es elegir desaprender lo que produce ineficacia o malestar.

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