De regreso a clases

Publicado en La Nación el 10 febrero, 2003
Categoría: Aprendizaje
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Hoy miles de estudiantes inician un nuevo curso lectivo. De pocas cosas depende tanto el futuro de este país, como de lo que ocurra en nuestras aulas. Podríamos hacer muchos esfuerzos por enseñar, sin lograr que los estudiantes aprendieran. Por eso es esencial el tema de la motivación, también importante en hogares y empresas. La motivación para el trabajo, para el estudio,para el desempeño esmerado de nuestros papeles en la familia y el país, viene de dentro.Tengo para mí que lo que el maestro da, como dice Gibrán “no es su sabiduría sino su fe y su ternura … y no os obliga a entrar en la casa de su sabiduría sino que os conduce al umbral de vuestra propia mente.”Si el maestro logra contagiar su entusiasmo por el saber, por el trabajo, por la convivencia constructiva,ya hizo de manera excelente su tarea.

Mejoraríamos el rendimiento escolarsi en nuestras escuelas y en nuestros hogares pusiéramos más énfasis en el aprendizaje, si lográramos crear un impulso en los estudiantes para “halar” aprendizajes y no nos limitáramos a“empujar” conocimiento. Nos movemos por intereses. Nos interesa lo que satisface nuestras necesidades. Todos los niños saben para qué sirve la comida o para qué sirve una patineta. Los buscan, los desean porque les satisfacen necesidades. El gran reto que se tiene con los bienes superiores, como la educación, es que las personas se hagan conscientes de sus necesidades y luego busquen lo que las satisface.¿En qué se beneficia un estudiante si aprende más? Me parece que reducir eso a sacar buenas notas y eventualmente a llegar a tener un puesto bien remunerado, es una motivación mediocre.

Aprender es un reto. El ser humano sano valora los retos. Como especie nos hemos distinguido por buscar y resolver retos. Por eso los buscamos hasta en las actividades con las cuales nos divertimos. Si la escuela adquiriera ese carácter de desafío, que no necesariamente es de competencia, despertaríamos más interés en los chicos. Se puedemotivar con la dificultad de lo difícil y de esta manera, a la vez que enseñamos gramática formamos el carácter.Se pueden aprovechar las dificultades escolares para que los niños se vayan dando cuenta con realismo de que vivir cuesta y que las dificultades no son trucos o injusticias que la vida nos hace. Que a la dificultad hay que responderle con empeño y no buscando refugio, subterfugio o excusa. Los niños se van transformando en adultos en un proceso que contiene bastante de imitación. Si les mostráramos que cuanto más responsables son más se parecen a sus mayores, podríamos conectar esa responsabilidad incipiente consu actividad escolar. No se sabe qué es peor, si el chico que no hace la tarea o el que la hace porque tiene temor al “castigo” que recibirá en su nota.Un sistema solo de premios y castigos está bueno para entrenar animalitos de circo. Un adulto es maduro cuando cumple con sus deberes porque sería deshonroso no cumplirlos. No tengamos temor de esperar que los niños se esfuercen más por ejemplo para poder ayudar a sus compañeros de menor rendimiento. Confiemos en queel corazón delniño puede llegar a palpitar con lo que se denominamotivación trascendente, esto es, la que proviene de las consecuencias beneficiosas que nuestra acción produce en otros. Sin duda encontraremos niños que vibrarán con el argumento de que lo que hagan bien hoy como estudiantes les permitirá prestar servicios valiosos mañana como adultos.Apostemos a que los seres humanos pueden responder a motivaciones superiores y no solo al afán por obtener el primer puesto. Si elevamos la calidad de las motivaciones, estaremos elevando también a quienes nos han sido encomendados.

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