El ojo del amo engorda al caballo

Publicado en La Nación el 3 febrero, 2003
Categoría: Contribución
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SINART, el sistema nacional de radio y televisión, está en camino de convertirse en una sociedad anónima, con lo cual aparentemente se busca darle mayor flexibilidad financiera y de contratación. Una entidad pública, como es SINART hoy, debe estar sujeta a restricciones con el fin de que quienes lo manejan no hagan diablos de zacate con sus recursos. ¿Por qué no necesitan iguales restricciones los miles de sociedades anónimas que hay en el país?¿Qué evita que sus administradores utilicen mal los recursos? Cada sociedad anónima es dirigida por una junta directiva. En la junta directiva están sentados los dueños. Y a los dueños les afecta su bolsillo que quienes administran la sociedad la manejen descuidadamente.

¿Pero, quiénes serán los accionistas de la nueva sociedad anónima SINART?Lo será el estado o instituciones del estado. Lo cual produce una diferencia con respecto a una sociedad anónima privada y esta diferencia es que a nadie le dolerá el bolsillo si se hace una mala utilización de los recursos. Nadie sentirá que está perdiendo su dinero personal, si los empleados no cumplen con su deber, si se compran equipos que no sean excelentes desde el punto de vista tecnológico, si se desaprovechan oportunidades, si se cobran precios inadecuados. ¿Cómo diferenciamos en un camino malo, lleno de baches, a quienes van conduciendo su propio auto de quienes van en un auto alquilado? Correcto. Quien conduce su propio auto va con mucho cuidado. Quien va en un auto alquilado lo que quiere es llegar y no le importa el daño que le ocurra al vehículo. Así opera el interés individual. Tanto que cuando el Código Civil quiere señalar un paradigma de cómo ser responsable, habla del cuidado con que actúa un buen padre de familia.

Ya la sabiduría popular ha dicho que el ojo del amo engorda al caballo. También ha hablado de que lo que no nos cuesta, volvámoslo fiesta. Y hasta habla de “bienes de difunto” para señalar esas cosas de las que nadie se cuida.En la nueva sociedad anónima, no habrá un amo. Estará el estado y entonces operará aquello de que lo que es de todos no es de nadie. Y por más controles que se ponga, los bienes se parecerán más a bienes de difunto y no se les pondrála atenciónque usted y yo le ponemos a nuestras cosas.

El asunto, lo entendemos. El negocio de radio y televisión es muy competido y una sociedad anónima tendrá mayor flexibilidad para competir que un sistema estatal. A lo mejor, la solución va en la dirección correcta, pero no podrállegar al resultado correcto. Cuando se nombra a los miembros de una junta directiva privada, se piensa en la capacidad que tienen para hacer que la empresa obtenga buenos resultados. Cuando se nombra a los miembros de una junta directiva de una empresa estatal, se siguen criterios políticos: devolver favores de campaña, colocar a gente de confianza y hasta se podrá pensar en idoneidad empresarial. Por eso algunos sostienen que una buena alianza con socios privados, podría impregnar a una empresa estatal de la vitalidad necesaria para llenar adecuadamente sus objetivos y utilizar con excelencia sus recursos. Como parte de la alianza podría venir a formar parte de la Empresa una persona que conociera el negocio de radio y televisión, que lo hubiera vivido, que hubiera demostrado éxitos en ese ramo. Ninguna persona con esas características aceptaría ir a la junta directiva de la nueva empresa a dejar los dientes por una dieta. Sí estaría dispuesta a dejarlos por una ganancia en función de los resultados que obtuviera. Para Drucker, la diferencia principal entre quienes atienden empresas privadas y empresas públicas, no es la formación, ni la capacidad, sino la posibilidad que tienen las empresas privadas de remunerar la contribución a resultados, ya se trate de miembros de la junta directiva o de miembros del personal.

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