Todos somos consumidores

Publicado en La Nación el 27 enero, 2003
Categoría: Política
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Cada día participamos en elecciones. Cada día somos votantes. Cuando vamos al super y escogemos entre el pan de marca Sol o el de marca Luna, estamos haciendo una elección. Nuestro voto lo depositamos en la caja. Ahí pagamos, lo cual es lo mismo que depositar el voto. Al final del día, quienes manejan el supermercado, hacen sus cuentas y exclaman ¡Ganó el pan de marca tal!Por todo eso se habla de la soberanía del consumidor. Así como en las democracias los ciudadanos votan para elegir sus autoridades y ese voto se respeta, los habitantes votan para elegir los productos que quieren consumir. Esa posibilidad de que los habitantes voten por los productos que quieren consumir es una de las características de lo que se llama una economía de mercado.

El mercado no es un lugar, es más bien una forma de resolver cosas. Si a un productor de verduras se le ocurre que la yuca debería venderse a quinientos colones el kilo, la pone a vender y no venderá nada. La gente decidirá que entonces es mejor comprar papas o chayotes. Pero cerca del fin del año, suben los precios de la carne de cerdo y las hojas de plátano, no porque a alguien se le ocurra hacerlo así, sino porque muchos queremos hacer tamales. Como habitantes estamos mejor si los precios los fijamos entre todosque si alguien con mucho poder los fijara.

En una dictadura, no se vota. En una economía donde el mercado no decide, los consumidores no pueden satisfacer sus preferencias. Hace muchos años, en Costa Rica existía un impuesto para la importación de zapatos que era igual a lo que costaban los zapatos extranjeros. Si unos zapatos italianos, traídos desde Italia costaban cien, se les ponía un impuesto decien, con lo cual en las tiendas los tenían que vender a más de doscientos. Eso hacía posible que los zapatos nacionales, de mucho menor calidad, se pudieran vender a ciento cincuenta. ¿Cuál era la función de esteimpuesto de importación? Se decía que para proteger a los productores nacionales. Entonces mucha gente se conmovía pensando en cientos de zapateros que sin el impuesto, no iban a poder competir contra los zapatos italianos. Pero había que haber pensado un poco más.Primero, no eran cientosdezapateros sino unos cuantos industrialesdel calzado … y cuidado si no los podíamos contar con los dedos de una mano.Segundo, aquéllos que se veían privados de los zapatos italianos o que sólo podían adquirirlos si pagabanmás por ellos, eran decenas de miles. O sea que unos pocos productores estaban impidiéndole a decenas de miles de consumidores obtener su satisfacción o economizar parte de su dinero. Parece injusto, verdad?

Hoy las cosas han cambiado. Tenemos más consciencia de que como consumidores tenemos derechos. Existen leyes que protegen a los consumidores. Si compramos un producto cuya etiqueta ofrece tal cantidad o tales características y el producto no las cumple, podemos quejarnos y obtener compensaciones. Estas leyes y órganos mejoran la relación de cada consumidor con la empresa que vende el producto. Pero quedaba sin protección la relación entre todos los consumidores y las empresas. Veamos. Supongamos que compro una camisa a la cual le faltaun botón. Por un botón no voy a presentar un reclamo. Pero en cambio, para la fábrica de camisas, ese botón por cadacamisa puede representar una suma importante. Recientemente se ha creado una Asociación de Consumidores y podríamos pensar que parte de lo que hará será estar tomando posiciones por los cientos de miles de consumidores que pueden estar saliendo perjudicados con un botón o con unos gramos o con un impuesto proteccionista como el de los zapatos que explicábamos arriba, o con cualquier otra medida que impida a los consumidores comprar los productos de su preferencia.

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