De ranas a príncipes

Publicado en La Nación el 16 diciembre, 2002
Categoría: Desarrollo
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La semana pasada fui invitado a dar una charla a maestros del programa “Aula Abierta”.Es un programa del Ministerio de Educación Pública para rescatar académicamente a adolescentes que han desertado de la educación primaria. Se me dijo que todos estos jóvenes, por el hecho de haber desertado, se miraban o eran mirados, como malos estudiantes y cuidado –agrego- si no como malos seres humanos, puesto quetendemos a imaginarvirtudes en otras áreas enquienes por ejemplo son buenos estudiantes, y al contrario, a imaginar rasgos negativos en otras áreas que las puramente académicas,en quienes fallan en ésta.

Vinieron a mi memoria dos películas. “Los doce del patíbulo”, en la cual el protagonista encarnado por Lee Marvin, fue reclutando a un grupo de malvivientes y los convirtió en un soberbio comando para desarrollar una difícil misióndetrás de las líneas enemigas. Pensé también en “Mi bella dama”, en la cual el Profesor Henry Higgins, lingüista,se propone transformar a una chica muy ordinaria en una dama, a través de la educación de la palabra. Más o menos, la apuesta es la de que si se consigue que alguien hable bien, se convertirá en unmejor ser humano, lo cual tiene mucho sentido. En ambos casos, los resultados estupendos que se obtienen son el producto de la “fe” que se pone en la capacidad de los demás para ser mejores. Pero no se trata de una fe interior, contemplativa, sino de una fe comprometida, que en actos de confianza le hace saber a la persona a quien se desea mejorar que tenemos confianza en ella y que con los ojos del alma vemos los logros que obtendrá, como si ya fueran realidades.

A esto se le denomina el Efecto Pigmalión.Pigmalión era un escultor griego, quien con mucho esmero fue esculpiendo la efigie de una mujer, de tal manera que el esmero devino en amor. No se si movida por ese amor o por el esmero – las dos cosas mueven- Afrodita le dio vida a la escultura. Educar, conducir seres humanos con esmero, siempre es llamar la atención de los dioses para que el carbón que hay en pupilos, hijosy colaboradores se organice y produzca diamantes.

Leí hace tiempo de algún experimento que se condujo en una empresa. A un grupo de vendedores comunes y corrientes, se les reclutó para un programa diciéndoles que se les reclutaba porque se había detectado en ellos unos rasgos especiales. En el trabajo real, estos vendedores alcanzaron metas más elevadas que sus compañeros de iguales características. El hacerlos sentir especiales a través de la confianza depositada en ellos, produjo sus resultados.El experimento no me gusta, porque incluye un engaño. Pero la comprobación de que las altas expectativas que se manifiesten a una persona la hacen alcanzar un desempeño superior, abre posibilidades interesantes. Somos una mezcla de fortalezas y debilidades. Cuando como jefes, padres, maestros sabemos ver las fortalezas de alguien y externamos expectativas altas sobre el desempeño que se puede alcanzar con esas fortalezas, estamos haciendo posible la ocurrencia de grandes saltos en el desarrollo de las personas.

Le preguntaron a una maestra cuáles técnicas didácticas había utilizado con sus estudiantes, puesto que todos, a su manera, habían sido personas exitosas, mientras que otros egresados de la misma escuela mostraban una marcada tendencia al fracaso.¿Técnicas didácticas ? – preguntó la maestra. Creo que yo utilizaba las mismas técnicas que mis colegas. Lo que sí recuerdo es que a todos mis estudiantes los quise mucho.

Entusiasmar es, literalmente, insuflarleal otro un espíritu. El amor de Pigmalión, elamor de la maestra, y el tuyo, son omnipotentes. Son como el beso que convierte a las ranas en príncipes.

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