El poder de elegir

Publicado en La Nación el 18 noviembre, 2002
Categoría: Artículos
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Una lengua desarrollada, como el español, permite expresar con sutileza distintos estados del alma. Por eso resulta sintomática la carencia gramatical o el reducido léxico de un pueblo, porque podría evidenciar que la vida interior carece de matices o que la comunicación carece de medios para expresarlos. Los adjetivos bueno, malo, lindo, feo, fácil, rico, suave, duro, no son suficientes para expresar la riqueza interior, a pesar de que nuestro lenguaje habitual, descansa tanto en ese conjunto limitado de formas de expresión.

Hablemos de matices para expresar la acción. La acción humana nace en nuestro interior y se perfecciona en el resultado generalmente externo. Chesterton expresaba que “el pensamiento que no se convierte en palabra, es mal pensamiento y la palabra que no se convierte en acción, es mala palabra”. Podríamos agregar que la acción que no se convierte en resultado, es mala acción.Algunas expresiones nos delatan. Es frecuente escuchar decir “voy a ver si hago tal cosa” o “voy a ver si lo intento”. Son formas escapistas de no querer enfrentar la realidad de afirmar que no tengo el menor interés de hacerlo. Una acción naciente se puede mostrar con la expresión “me gustaría”, la cual indica una débil preferencia, un movimiento preliminar a hacer algo. De mayor calado es la expresión “yo necesito”. La necesidad, como desequilibrio, demanda acción. Pero a quien nos dijera “yo necesito” no podemos todavía apostarle a que hará algo para solucionar su necesidad. Un paso más cerca de los resultados estaría quien dijera “yo querría” tal cosa para solucionar la dicha necesidad. Sin embargo, esta expresión es débil con respecto a “yo quiero”. Estamos claros en que quien dice “yo quiero” ya está listo para ponerse en camino hacia la búsqueda de lo que sea que quiere. Quien dice“yo querría” todavía está balanceándose entre querer y no querer.Decía un amigo que quien está entre ir y no ir, no irá. Porque para ir se necesita algo más que la tentativa de ir.Se necesita una resolución.

En mis programas de solución de problemas, dedicamos tiempo a mostrar un proceso racional de toma de decisiones y cuando finalmente llegamos a una decisión satisfactoria, siempre me veo en la obligación de señalar que estamos a mitad del camino. El proceso de llegara una decisión, es como el proceso de hacer un plano. Ahí está el pensamiento plasmado en un plano, pero para que se nos convierta en una casa, falta todavía tiempo y esfuerzo. Decidir es tener claridad sobre lo que sería bueno hacer. La resolución es conectar nuestras vísceras,músculos y hormonas con esadecisión.

Peter Senge en “La quinta disciplina” presenta una nota en la cual recomienda que cuando de veras se quiere hacer algo, no nos quedemos en expresiones futuribles, sino que nos vayamos al presente de indicativo: yo elijo o yo escojo.Esa expresión entrañaresolución, focaliza energía. Decir “yo elijo” o “yo escojo” nos convierte en actores, nos responsabiliza de los malos resultados que pudieran obtenerse y nos hace acreedores a los éxitos que pudieran cosecharse.

No basta con elegir una vez. No basta con escoger una vez. La persona que emprende un proyecto empresarial, lo emprende un día, pero de ahí en adelante tiene que serlefiel a esa elección. Todos los días tendrá que velar por la calidad, todos los días tendrá que remover obstáculos al entusiasmo y a la creatividad de quienes trabajan con ella, todos los días deberá explorar nuevas formas de hacer las cosas, todos los días, con cada cliente tendrá que desarrollar vínculos mutuamente satisfactorios. Igual que el estudiante que se matricula hoy en una carrera, quien todos los días tendrá que renovar su elección estudiando con rigor y con perseverancia. Igual que los padres que regresan de la clínica con el recién nacido, tendrán que ser padres dedicados durante los treinta años que ahora tarda en llegar la adultez.

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