Blanco, negro, gris o a lunares

Publicado en La Nación el 4 noviembre, 2002
Categoría: Aprendizaje
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En la solución de problemas, una trampa es creer que la solución está en los extremos, que tiene que ser o negra o blanca. Es importante buscar opciones que permitan ver los tonos grises o el estampado a lunares de un acuerdo que incorpore ambos extremos. Alrededor del debate de si sostener los 200 días de clase es imposible y si reducirlos a 174 es una tragedia, ¿Cómo se podría mejorar la solución?

Es más difícil subsanar el impacto de una reducción de 26 días si esos 26 días representan 5 semanas de clases. Se podría pensar en repartir 26 días libres en las 40 semanas del curso. Entonces se podría programar de manera que en ese día libre se concentraran tareas, preparación de exámenes, lecturas, investigaciones. El trabajo intelectual necesita pausas, necesita sosiego. Hay una gran diferencia entre medio leer un libro y hacer un comentario y leerlo con detenimiento, comentarlo en grupo y luego escribir la opinión personal.

Las soluciones se enriquecen cuando pensamos en que los problemas tienen partes que podrían ser tratadas de manera diferente. Por ejemplo, se puede esperar que los estudiantes mayores de once años hagan algún trabajo individual sin la presencia del maestro. Para esos estudiantes es promisoria la posibilidad de incorporar a la UNED, como especialista en educación a distancia y a un periódico como éste, especialista en distribución de información, para que sin que los maestros tuvieran que trabajar 200 días, los estudiantes no se quedaran sólo con 174.

Podríamos pensar en crear tareas nuevas y de alto impacto. Por qué no exigir a los estudiantes que fueran a lo largo del año escribiendo un diarioen el cual anotaran el sentido de lo que hicieron cada día, los aprendizajes adquiridos, las noticias de mayor impacto y un pronóstico sobre cómo van viendo el futuro a la luz de lo que va ocurriendo cada día. O enla formación de lo que Russell Ackoff llama “células de estudio” que son grupos en los cuales los más aventajados ayudan al aprendizaje de los menos aventajados. Aquí se aprovecharía la potencia del aprendizaje entre iguales y el beneficio sería tanto para quien aprende como para quien enseña.

Los estudiantes a distancia requieren y desarrollan una habilidad para trabajar sin supervisión. En la educación presencial eso no es así. Haciendo una caricatura, me parece percibir que los estudiantes esperan que el maestro les enseñe. El estudiante es un beneficiario del sistema que viene pasivamente a colocarse frente al profesor diciendo para sus adentros “a Ud. a quien le pagan por enseñar, a ver si es tan capaz y me enseña. Pero le advierto, que vengo aquí obligado, así que si Ud. no hace malabares con el método, yo me voy a poner a pensar en otras cosas que me interesan más”. La responsabilidad por el aprendizaje tiene que retornar al que aprende. Aprender tiene que volver a ser un esfuerzo por arrebatarle conocimiento al que sabe.

Existen tres fuentes de educación: la educación formal, de la cual forman parte los días de clase; la educación no formal – lo que nos enseñan el periódico, las iglesias, la televisión, el cine -;y la educación informal que es todo lo que vamos aprendiendo de aquí y allá en el proceso de ir viviendo. Es lo que aprendemos unos de otros, lo que se aprende en las empresas, lo que se aprende en el juego y en la diversión. Ilustro el valor de los aprendizajes informales con dos preguntas: ¿Dónde aprenden quienes no completan su educación primaria toda la letra menuda sobre cómo andar por el mundo? ¿Dónde aprende nuestra generación infantil todo lo que sabe de manejo de computadoras?La educación informal es el vehículo para aprender todo aquello que es inevitable aprender. Como a Arquímedes, podría estar haciéndonos falta una palanca para hacer que el aprendizaje informal moviera al mundo.

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