Cuanto más pronto mejor

Publicado en La Nación el 5 agosto, 2002
Categoría: Artículos
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Por alguna razón, aunque todos sabemos que el tiempo pasa, tenemos más conciencia de cómo pasa el agua en un río, que de cómo pasa el tiempo de nuestras vidas. Cuando se nos decía que el tiempo perdido los santos lo lloran, pensábamos que habiendo tanto tiempo, había que ser muy llorón para ponerse en esas.Muchos piensan que se puede posponer la acción, el cambio, las mejoras y que si los ejecutamos dentro de dos o dentro de diez años, nada habremos perdido. Dejar de fumar, para alguien que fuma un paquete y medio al día, hace una diferencia deonce mil cigarrillos si lo hace ahora que si lo hace dentro de un año.

Supongamos que se quiere mejorar el confort de la vivienda en la cual conviven cinco personas. Si se aumenta su confort hoy, en los próximos diez años, entre los cinco, habrán obtenido un disfrute proporcional a cincuenta. Si las mejoras se hacen dentro de dos años, el confort familiar será proporcional a cuarenta. No es lo mismo hoy que después. Las cosas útilesresultan más valiosas hoy que dentro deun año. Por eso estamos dispuestos a endeudarnos a un cierto costo, para poderlas adquirir ya. ¿Qué es preferible, ciento veinte colones dentro de un año o cien hoy?Si la tasa de interés es 20% se dice que estamos dispuestos a pagar ciento veinte dentro de un año a fin de contar con cien hoy. O también que si nos ofrecen ciento veinte dentro de un año nos resulta igualrecibir cien hoy.El valor presente es el valor que le damos hoy a una suma que vamos a recibir en el futuro. Graduarse a los veinticinco años es preferible que graduarse a los veintiocho.

En los bienes públicos olvidamos el valor presente y caemos en la ilusión de pensar, por ejemplo,que si mejoramos el sistema educativo dentro de dos años, es igual que si lo mejoramos ya. La verdad es que cada año que pasa sin mejorar nuestro sistema estamos “perjudicando” a cientos de miles de estudiantes, quienes transitarán por la historia sin ese valor extra. Las presas que sufriremos en los próximos dos años, son el costo de no poder tomar hoy las medidas que hagan más fluido eltránsito.

En los países en vías de desarrollo, generaciones enteras sufrirán penurias en el proceso. Aun dentro de un mismo país, como el progreso no va llegando a todos a la vez, se van formando brechas entre unos y otros. Las oportunidades de educación en la Meseta Central son superiores a las que existen en las llanuras del Norte.Y el acceso a Internet es mayor para los niños de las familias acomodadas. Las consecuenciasno se eliminan con que dentro de diez años aumente el acceso a Internet o haya más amplias posibilidades de educación para quienes no los tienen ahora, porque el efecto de una niñez sin esos medios, se arrastra a través de la vida adulta. Cuando no se piensa en estas cosas, no hay sentido de urgencia.Posiblemente porque la sabiduría convencional nos ha convencido de que es mejor tarde que nunca, y porque rara veznos dice que lo bueno, cuanto más pronto mejor. La indecisión, las largas que se le dan a los asuntos, los desacuerdos que paralizan, tienen un costo irrecuperable.

Si una empresa ha de invertir en un equipo que mejore la calidad de los productos, es mejor que lo haga ya a que lo haga en el futuro. Ahí donde hay competencia, siempre existe el temor de que otro se adelante porque se dice que elque pega primero, pega dos veces. En los asuntos públicos, el clamor debería venir de los más jóvenes que son quienes por más tiempo sufrirán los retrasos odisfrutarán de los progresos.

El encuentro constructivo, la amistad edificante, el evento que endulza la vida, el aprendizaje útil, la superación personal, el conocimiento y aceptación de sí mismo,rinden fruto por más tiempo, cuanto más pronto ocurran. Las técnicas de estudio hay que aprenderlas temprano. Los idiomas extranjeros también. Todas estas adquisiciones mejoran el ser y como dicen los modernos enfoques educativos, hay que privilegiar el ser sobre el tener. Y cuanto más pronto mejor.

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