Saber que sí se puede porque sí pudimos

Publicado en La Nación el 29 julio, 2002
Categoría: Artículos
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Cuando un artesano manufactura una obra, un niño hace una división, un médico examina a un paciente, ocurre una acción productiva, la cual puede ser evaluada según el criterio de eficiencia: si se hace algo en menos tiempo, con menos recursos, con mayor calidad, decimos que se lo hizo con mayor eficiencia. Además, en cada acción productiva, puede ocurrirun mejoramiento de la capacidad-un aprendizaje, una innovación- que aumente la probabilidad de que la próxima acción productivasea más eficiente. Se dice que la acción humana –en las empresas, en la vida cotidiana, en el gobierno- debe estar compuesta por varios momentos: se señalaun objetivo y se formula un plan de acción, se ejecuta la acción, se evalúan los resultados, se aprende de los resultados y se toman medidas para mejorar el próximo intento. Supongamos que queremos hacer uncorte con una herramienta: se señala la línea de corte, se ejecuta la acción de corte, se evalúa cómo resultó, nos damos cuenta de por qué salió como salió y tomamos las medidas correctivas tales como afilar o calibrar la herramienta. Cuando un estudiante va a un examen o un ministro comparece ante una comisión de diputados, ocurren las mismas etapas. Sólo que al final, cuando el estudiante o el ministro evalúan sus resultados, no hay herramienta a calibrar porque en un examen o en una comparecencia ministerial, la herramienta es la persona.Un operador de una grúa puede culpar a la grúa de que algo no salió bien. Un gerente sólo puede culparse a sí mismo de si algo no sale bien: el instrumento del gerente para accionar en la empresa, es él o ella misma.

El valor de las cosas que salen bien, está en que producen una memoria que se convierte en algo así como un límite inferior. Si nos salió bien tal cosa, al intentarla otra vez o al intentar algo en otro campo, tenemos como referencia el éxito obtenido. Si logramos venderle a tal cliente difícil, si logramos demostrarle al Banco la factibilidad de un proyecto, ¿Cómo no le vamos a poder vender a tal otro cliente o entusiasmara tal otro interlocutor?Y algo más. Como que la persona de acción es el instrumento de sus acciones, con cada éxito, tiene la posibilidad de mejorar la imagen que tiene de sí misma. A eso se le llama robustecer la auto-estima. De la autoestima derivamos confianza para intentar lo que sigue.

La auto-estima no se puede desarrollar a base de autosugestión. No tiene sentido repetirnos cuán hábiles somos. A veces tenemos éxito en engañarnos a nosotros mismos, pero es más fácil engañar a otros que auto-engañarnos. En cambio sí tiene sentido darnos cuenta de lo que nos ha salido bien y convertirlo en conocimiento sobre nuestra capacidad de acción. Drucker dice que estamos más conscientes de lo que no podemos –de nuestros puntos débiles- que de lo que sí podemos –de nuestros puntos fuertes- . Quizá una humildad mal entendida nos lleva en esa dirección.

Padres, jefes y maestros tienen en estos conceptos una vía para influir en el desarrollo delas personas con quienes tienen relación: propónganles retos desafiantes pero alcanzables. Enséñenlos a evaluar los resultados de sus acciones. Ayúdenlos a darse cuenta sin falsa modestia de los éxitos obtenidos e estimúlenlos a robustecer su autoestima a partir de los éxitos y a utilizar esa autoestima y el álbum de recuerdos positivos, como fuente de energía para nuevos emprendimientos.Y sobre todo estén muy conscientes de que lo que opera en esta dirección como círculo virtuoso, puede operar en la dirección contraria como círculo vicioso: el recuerdo insistente de lo que salió mal, mina la autoestima y debilita la disposición a intentar.Jefes, padres y profesores que tienen memoria selectiva para traer a primer plano lo que faltó, lo que salió mal, lo que no pudimos, son erosionantes para la capacidad de acción.

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