El final de este sueño

Publicado en La Nación el 17 junio, 2002
Categoría: Artículos
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Defino la visión, en una empresa, en una persona, en un gobierno, como el sueño realizable. Lo de sueño le viene de que debe ser suficientemente retadora como para ser casi casiimposible. Si no nos desafía, para qué visión. Y lo de realizable, le viene de que no puede ser una fantasía o un resultado de una distorsión mental provocada por el entusiasmo o por la pasión. He visto formulaciones de la visión que no desafían. Las he visto también que suenan más a descripciones altisonantes de figuraciones ideales e inalcanzables. También las he visto soñadas, pero realizables.

Nuestro equipo nacional de futbol desde hace meses nos viene dando ejemplos imitables de cómo ejecutar cualquier acción humana, personal, empresarial, familiar, comunitaria, gubernamental. Se plantearon unos objetivos, se entregaron a la tarea de robustecer sus fortalezas y de subsanar sus debilidades, aprovecharon oportunidades, vencieron obstáculos y sobre todo, fueron aprendiendo al recorrer el camino mediante una cuidadosa autorreflexión sobre los resultados que iban obteniendo. Es imposible decir cómo será el camino, pero sí se puede saber al iniciar la marcha, cuáles son las prácticas, las reglas de acción que a la postre producirán el resultado esperado. Claro que la realidad es la realidad, y tiene esa testaruda manera de comportarse de manera fría, azarosa, impredecible. ¿ Qué hacer entonces con el sueño truncado ? ¿ Qué hacer con la derrota ? ¿ Se acuerdan de que el éxito tiene mil padres, pero la derrota es huérfana ?En el futbol, en los negocios, en los estudios y en la vida, la derrota es un evento tan posible como el éxito. Lo que ocurre es que el éxito tiene mejor prensa. Pertenece a un grupo de conceptos a los que de alguna manera rodeamos de una aureola, como la juventud, la salud, la riqueza, la inteligencia, la belleza. Y eso parece que está bien, porque son todas situaciones o rasgos deseables. Pero de ahí a pretender ocultar, negar, ignorar, la vejez, la enfermedad, la pobreza, la estulticia, la fealdad, hay una gran distancia. Es signo y medio de maduración personal,la aceptación realista deesos rasgos o situaciones indeseables.

Si bien esos rasgos o situaciones son posibles y haríamos bien en aceptar con naturalidad su ocurrencia, conviene tener presente que a cada uno de ellos nos enfrentamos como posibilidad primero y como realidad después. Si tenemos suerte llegaremos a la vejez. Entre tanto vivamos de manera tal que nos encaminemos a la mejor vejez. Un día perderemos la salud, pero dejemos que ese trabajo lo hagan los años o el azar, sin contribuir nosotros con malos hábitos a ese natural deterioro. Es posible fracasar en un plan de acción. Pero esa posibilidad debería llevarnos a poner todos los medios para tener éxito. Si luego de poner todos los medios, tenemos que aceptar la derrota, ella no estará acompañada por la culpabilidad de haber sido negligentes. Cuando vamos a lanzar un dado, cada resultado tiene la misma probabilidad de ocurrir. Una vez lanzado, el resultado obtenido es el único posible. Nos podemos enfrentar a los eventos de nuestra vida como si se tratara de lanzar un dado. O podríamos empeñar la inteligencia y la voluntad en mejorar el resultado posible. Lo segundo podría llevarnos al mismo resultado que lo primero, pero lo primero nos dejaría la culpabilidad de no habernos enfrentado al asunto como seres humanos. Lo segundo podría causar dolor, pero no amargura. Hay derrotas que pueden aceptarse con hidalguía. Estas necesitan menos consuelo que las otras, las culposas. No se realizó el sueño. Al menos no todo el sueño. Pero hemos recibido un ejemplo de cómo con diligencia no dejar nada al azar. Para la Sele,el torneo ha terminado. Para Ud. y para mí, todavía no.

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