Importancia de revitalizar los propósitos

Publicado en La Nación el 13 mayo, 2002
Categoría: Aprendizaje
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Aprender es incorporar un conocimiento, una práctica, un comportamiento. Podemos aprender por puro afán avaricioso, como quien atesora riquezas, o podemos querer aprender para ser más felices. El niño que aprende modales en la escuela, es más feliz que el niño cerril que no se puede relacionar con los demás. El cirujano que aprende una nueva técnica, no lo hace para archivarla en su vitrina de trofeos sino para ponerla al servicio de los demás, para convertirla en una ventaja competitiva personal y como profesional, para obtener beneficios económicos de ella. Cuando adquirimos un punto de vista, cuando por ejemplo aprendemos a encontrarle sentido a lo que sale mal, estamos comprando un seguro contra la desesperación. La personaque no sabe encontrarle sentido a un fracaso, sufre más que la que sabe encontrárselo.

Los libros de autoayuda están llenos de ideas que al captarlas nos entusiasman. Planeamos de ahora en adelante revolucionar nuestra vida con esas ideas. Las ponemos en práctica, vemos sus buenos resultados, pero sin darnos cuenta las abandonamos. Es como si las hubiéramos olvidado. Y de una cierta manera lo que ocurre es que las hemos olvidado. La intensidad con que una vez las acogimos, se ha ido atenuando hasta casi desaparecer, porque esos éxtasis de entusiasmo no pueden ser permanentes. Por eso lospropósitosnecesitan altos en el camino y rituales de revitalización.Vamos a un taller de formacióny unos meses después nos reunimos para volver a contemplar los conceptos que entonces nos movilizaron. Volvemos a leer los subrayados del libro que nos impactó. Nos hacemos unas tarjetas que vamos poniendo a la vistaen nuestro lugar de trabajo con algunas ideas que nos movilizaron. Formamos un grupo de apoyo y nos seguimos intercambiando literatura sobre un tema que nos interese a todos.

Nuestra falta de perseverancia, a veces parece deberse a la debilidad de nuestra memoria y conviene entonces apoyarla. El discípulo zen que hace meditación todos los días a la misma hora, el monje que ora al toque de campana,están apoyando la memoria del entusiasmo que los anima. Leí que en algunas líneas aéreas a las aeromozas se les recuerdan periódicamente las prácticas de seguridad que deben seguir en caso de una emergencia. Las saben, las pueden recitar, pero volver a pasar por el proceso mediante el cual las aprendieron la primera vez, ayuda a que las prácticas se conviertan en parte de su naturaleza. Recuerdo un grupo de empresas donde se tenía por norma, que en cualquier reunión donde hubiera más de un cierto número de personas, había que dedicar un minuto a la seguridad. Entonces alguien, elegido al efecto, señalaba algunas prevenciones útiles para recordar a los presentes, la importancia de la seguridad.

Se que muchas personas toman estos artículos, los distribuyen entre sus colaboradores o compañeros de trabajo. Algunos se reúnen y los comentan. Esto es útil, pero apunta sólo al conocimiento. Una forma de ir más allá en la adopción de lo que pudiera ser positivo en este material, sería convertirlo en propósitos de mejoramiento aplicados a la realidad de cada uno. Formular un propósito es comprometer la voluntad. Si quisieran ir más allá, podrían intercomunicar esos propósitos de mejoramiento con compañeros o amigos. De esa manera, la resolución de aplicarlos, no se quedaría en su interior sino que pasaría a tener testigos externos, lo cual es un incentivo adicional para cumplirlos. Finalmente podrían, de tiempo en tiempo, ver cómo marcha el cumplimiento de esos propósitos, con el fin de revitalizar su cumplimiento y nunca de culpabilizarnos por lo inconstantes que somos.

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