Alegrémonos pues porque somos jóvenes

Publicado en La Nación el 4 marzo, 2002
Categoría: Desarrollo
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Se inicia en la Universidad de Costa Rica el curso lectivo. Se inicia el trabajo de cientos de profesores y miles de estudiantes, muchos de los cuales, inician su vida universitaria. Acostumbrados como estamos a mirar sólo con los ojos, podríamos dejar de percibir el contenido espiritual de este comienzo. Así sería si lo viéramos sólo como una fecha al inicio de un cronograma, o peor, como un momento enla ejecución de un presupuesto anual.Todos estos estudiantes serán durante los próximos años los profesionales jóvenes que vendrána las empresas, a los hospitales, a las aulas –ahora como maestros-, a las instituciones, con nuevos conocimientos y nueva vitalidad, a arrimar el hombro en el continuo esfuerzo de construir una comunidad productiva y feliz. Para ellos, y para todos los universitarios del país, estas reflexiones.

Nutran su cerebro con conocimientos y robustezcan su carácter en las exigencias de la vida estudiantil seria. Es más escaso el carácter que el conocimiento porque es más fácil adquirir esto que aquello. Quizá lo más valioso que nos deja la vida universitaria es la conciencia de que el desarrollo personal no ocurre por casualidad sino que hay que irlo fabricando golpe a golpe, poniéndole ganas y no solamente cuando se tiene ganas. El carácter se construye en la lucha cotidiana dehacer posible lo aparentemente imposible e igual que para el deportista y para el recluta, lo importante no es el ejercicio realizado, sino el músculo obtenido. Se puede hacer el trabajo a regañadientes, pero rendirá menos. O se lo puede hacer con ilusión. Es posible ponerle ilusión a las cosas, pero cada uno tendrá que descubrir cómo.

No esperen a que les enseñen. Esmás perdurable el conocimientoque se arrebata que el que adquirimos a la carrera para pasar el examen. Idealmente, lo que sus profesores deberían hacer el día de hoy, no es empezar a enseñarles, sino señalarles dónde están los recursos de aprendizaje para que ustedes los expriman. Como ya no son niños, no necesitan pedagogos. La mejor contribución de los maestros es contagiar de entusiasmo a sus alumnos. Pero los codos tendrán que ponerlos ustedes.

No se dejen alienar por el mercado, que es un gran mecanismo pero una pobre brújula para sus vidas. No conviertan la vida universitaria en un proceso de adquisición de una herramienta para producir lo que se pueda vender con provecho en ese mercado. Conviene adquirir eso, pero también madurar personalmente, profundizar, refinar, integrar los sentimientos. Y adquirir la perspectiva del intelectual, que en palabras de Julián Marías, es la persona que se ocupa de cosas que ni le van ni le vienen. Apliquen la mente sin mezquindad, que la inteligencia no es un fluido que convenga racionar o almacenar. Contemplen agradecidos y respetuosos los conocimientos y la cultura que la humanidad ha logrado acumular a través de los siglos. Aprendan a admirarse y a preguntarse y habrán aprendido a filosofar. Redondeen sus vidas en el disfrute de las artes y en la práctica de los deportes. Aprendan a utilizar el tiempo libre para re-crearse.

Maduren en la reflexión política. El pensamiento político es cosa distinta a la aritmética electorera. Hoy necesitamos más la formación de opinión que la militancia en las juventudes de los partidos. Constrúyanse un conjunto de valores y de normas. La ética es ciencia aplicada sobre cómo llegar a ser feliz. Reflexionen sobre la solidaridad. Un mundo tan interdependiente se volverá caótico cuando la norma ética por excelencia sea “sálvese quien pueda”.

Lo que ahora perciben como un largo camino, es verdaderamente un corto camino. Un día de estos estarán culminando sus carreras. No se amarren con rotundismos: es que no sirvo para tal o no sirvo para cual. Seguramente los campeones olímpicos, cuando empezaron,tampoco servían para aquello en lo que luego brillaron.

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