Con entusiasmo, sin fanatismo.

Publicado en La Nación el 21 enero, 2002
Categoría: Política
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A dos semanas de las elecciones, podrían ser útiles algunas reflexiones al respecto.

Lo que este país ha logrado a lo largo de su historia, no es el producto de unas cuantas personas ni de unos cuantos partidos. Es muy compleja la vida de un país como para que se pudieran señalar “salvadores”.Sin embargo, en las campañas políticas siempre se recurre a crear salvadores y enemigos terribles. En una campaña de hace muchos años se utilizó unslogan que los sobrevivientes de entonces recordarán: “Salve a su patria, vote por él “. Y en cuanto a los enemigos, la misma reverenciada Marsellesa – ese canto que han entonado los espíritus libres de todo el mundo -es un poco exagerada cuando nos previene de que se acercan quienes vienen a degollar a nuestros hijos y a nuestras compañeras.En un caso, se recurre a la idealización de los “nuestros”. En otro caso, a levantar barreras de paranoia contra los “otros”.Cuando la campaña es intensa – afortunadamente ésta no lo parece – el país queda dividido entre el triunfalismo de quienes han ganado y lo que antes se llamaba “los enchilados” que perdieron. Esto es perjudicial porque en mayo tendremos los mismos problemas y la misma urgencia por que sean resueltos, de manera que toda campaña debería hacerse con la idea de que el país no saliera de ella con menos sino con más capacidad para acometer las tareas que están pendientes.

Cuanto más fanatizados estemos por nuestro candidato o nuestro partido, menos objetividad tendremos a partir de mayo para valorar las propuestas de unos y otros. Un electorado fanatizado, lleva a que cuando se pierde la elección, el candidato perdidoso lance un grito al cielo: “No guardemos las banderas. La lucha sigue” .Y si lo que sigue es la lucha por el bien del país, qué bueno. Pero muchas veces lo que sigue es la lucha contra quienes ganaron las elecciones, que son ahora gobierno. Es entonces cuando el ser oposición, esto es, la función de hacer preguntas críticas, de obligar a que nos expliquen las consecuencias de los proyectos, de generar otras soluciones si no nos gustan las que proponen quienes gobiernan, se transforma en obstaculización cerrada, lo cual equivale a ir en un autobús, por una carretera peligrosa y empezar a ensuciarle el parabrisas y tirarle objetos al conductor para que puesto que no conseguimos nombrar al nuestro, éste – el de ellos – no pueda hacer su trabajo,olvidando o pretendiendo olvidar que todos estamos en el mismo autobús.

Los asuntos del país son muy complejos. Un día las campañas llegarán a ser esfuerzos de argumentación, de lógica, de ciencia, de la misma manera que cuando nos van a vender un electrodoméstico no sólo nos dicen lo bonito que luce ni cuántas personas lo han adquirido, sino sus características técnicas, objetivas. El país necesita quelos ciudadanos tengamos la mente clara y el corazón bien intencionado. Si nos apasionamos y creemos que es nuestro partido el que tiene toda la verdad, vamos a tener dificultad de ver lo positivo que haya en las propuestas de quienes ahora adversamos y quienes dentro de cuatro meses podrían ser gobierno. Está en juego mucho más que el triunfo de un grupo. Cuando compite el equipo de futbol de nuestras simpatías no es tan grave que queramosganar a toda costa. Es totalmente intrascendente cuál equipo sea campeón. En cambio sí es muy importante cuál grupo gane las elecciones. Y más que eso, es importante que los ciudadanos se mantengan atentos para evaluar las acciones o la falta de acciones de quienes gobiernan. Con ciudadanos menos fanatizados, los partidos no sentirían que tienen una masa cautiva de seguidores y se preocuparían más por ganar seguidores y mantenerlos a base de realizaciones.

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