Agenda 2002

Publicado en La Nación el 17 diciembre, 2001
Categoría: Cambio
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Se acerca un año nuevo. Feliz año nuevo, diremos. Y ahora que todavía no estamos en medio de la música, los brindis y las serpentinas, convendría reflexionar sobre qué es un año feliz. Reflexionemos sobre eso con instrumentos de pensamiento de los que utilizamos en las empresas todos los días. En primer lugar no nos podemos sentar a esperar que el año sea feliz, como no nos podemos sentar a esperar que la empresa tenga éxito. No tenemos un control total sobre el éxito ni sobre la felicidad, pero sí que tenemos influencia al respecto. La felicidad y el éxito, son resultados, no son regalos. Claro que el año viene con su carga de azar y unos elementos contribuirán al éxito y a la felicidad y otros serán de signo contrario. Existe el azar. No estamos en manos del azar. De una cierta manera, la acción racional es un ejercicio de anti-azar. En vez de ir flotando en la corriente, podemos, como dice nuestro pueblo, hacer la fuercita.

Otra reflexión que podemos hacer es la de que el año no es una unidad indivisible, sino que es divisible en meses, semanas y días. Imaginemos que tendremos trescientas sesenta y tantas oportunidades de ver un nuevo día. Además cada día tiene unas dieciséis horas llenas de posibilidades. En una horase pueden escribir unas páginas, se pueden leer muchas más, se puede preparar una cena, se puede hacer un plan de acción, se puede visitar a un amigo, decidir sobre una adquisición importante, aprender algo útil para el trabajo que hacemos, aportar unas ideas útiles para el proyecto en que está empeñada la comunidad, hacer un alto en el camino y revisar el rumbo de nuestra vida, participar en una vitalizadora actividad espiritual.

El agua que corre es muy hermosa, pero si además de hermosa queremos que sea productiva, tenemos que detenerla en un embalse, dirigirla mediante una tubería hacia la casa de máquinas, luego recogerla y volverla a detener para dirigirla a irrigar los terrenos donde es más necesaria: canales y compuertas son los instrumentos mediante los cuales los terrenos áridos se van convirtiendo en huertas. Lo mismo ocurre con el tiempo. Como es silencioso, como discurre siempre a la misma velocidad, lo podemos dejar pasar sin fruto. Un día igual que un mes. Un año igual que diez. ¿ Cómo podemos hacerlo pasar por casas de máquinas, compuertas y canales para que deje fruto ?

Lo primero es tener claro en cuáles áreas queremos lograr cosas en el nuevo año. No somos máquinas productivas que solo esperen lograr cosas en el aspecto económico. Somos totalidades humanas que tienen aspiraciones para la vida familiar, para las relaciones con amigos y conciudadanos. El año será más feliz si tenemos logros en lo artístico. No todos podemos hacer una exposición de pintura, pero sí todos podemos mejorar nuestra sensibilidad para apreciar la belleza . O en lo intelectual: no todos harán estudios formales, pero sí todos podemos enriquecer nuestra mente con ideas, conceptos y prácticas. O en lo espiritual, clarificando nuestra posición ante lo trascendente. No somos pura proteína. También somos espíritu.

Una gran pregunta: ¿Cuáles son nuestras grandes metas? ¿Qué querríamos haber logrado en cada una de esas áreas al final de nuestra vida activa? Y un gran consejo –éste de Covey- : La agenda de cada semana y de cada día debe contener acciones que conduzcan al logro de esas grandes metas. O colocamos en nuestro programa de acción de cada día las acciones que conduzcan a su alcance, o no las alcanzaremos jamás. Que el año nuevo nos encuentre con una agenda en cuya primera página hayamos anotado lo que queremos lograr y con la decisión de revisar cada fin de semana si lo vamos logrando. Así el año será “feliz”, no por casualidad, sino gracias anuestro esfuerzo.

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