Votar o comprar

Publicado en La Nación el 26 noviembre, 2001
Categoría: Artículos
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¿ Qué diferencias y similitudes hay entre el acto de comprar un producto y el acto de votar por un candidato ?Desde luego que la actividad política es muy compleja, pero quizá podamos aprender algo útil de esta comparación. La decisión de comprar un helado nos “amarra” al helado durante unos quince minutos. La de comprar un bien más duradero, como un televisor, por unos ocho años. La decisión de por quién votar se parece más a la de la compra de un bien duradero.El helado podemos dejarlo sin comer si no nos gusta. El tele lo encendemos unas horas al día. Pero un buen o mal gobierno influye en la totalidad de nuestras vidas a tiempo completo.

Cuando compramos un electrodoméstico, comparamos varias marcas, vemos su funcionamiento y finalmente elegimos. Toda ama de casa podría decir por qué prefiere la lavadora A o B, basada en hechos objetivos. En cambio se vota por un partido o por un candidato movidos en buena parte por elementos pasionales e ideológicos que los partidos saben explotar muy bien y que alienan al votante.

Los partidos tienen como uno de sus objetivos prioritarios ganar las elecciones, no educar a los ciudadanos. De hecho se podría pensar cínicamente que cuanto más ignorante sea un pueblo, más fácil es ganar las elecciones. A pesar de que la comunidad se beneficiaríasi los ciudadanos votaran acertadamente, los partidos no tienen en sus agendas el educar al votante sino realizar unagestión de mercadeo que loentusiasme por medio de comparsas, cancioncitas, ruido y glamour del candidato,de manera que también el votante sienta que lo importante es ganar las elecciones y después ya veremos. Entonces se suma a la masa que marcha inconsciente y ruidosa detrás del candidato. Esa masa opera como lo que se llama un “mercado cautivo”, ante el cual las empresas y los partidos siguen un comportamento de monopolios. ¿ Cuál es el incentivo para mejorar el producto, o la gestión de gobierno, si por razones económicas en un caso, pasionales en el otro, se cuenta con un “mercado cautivo” ? Todos los países civilizados cuentan con un organismo que protege los derechos del consumidor, para evitar que las empresas les metan gato por liebre. ¿ Por qué no existe un organismo que proteja los derechos del votante con el mismo fin ?¿ Por qué no nos damos cuenta de que alguna publicidad efectista es tan destructiva como la práctica que se seguía en los años cuarenta de comprar el voto con una cuarta de guaro ? Una empresa no puede afirmar de su producto cualidades que no sean ciertas. ¿ Quién se opone a que se colme a los candidatos de virtudes inexistentes ?

Imaginemos una campaña política donde predominaran las explicaciones, razonamientos, diálogos para comparar unas posiciones con otras y no hubiera acciones que tocaran los instintos del pueblo y lo pusieran a ver torcido: despertar fantasías atemorizantes, excitar el apetito de ganar, como si se tratara de un torneo deportivo, ver a los otros como enemigos. ¿Cómo va el votante a apoyar las necesarias negociaciones entre el gobierno y la oposición si ve a los del otro bando como enemigos ? El apasionamiento de los votantes crea condiciones para que el sistema funcione mal. En cambio un poco más de crítica, de apertura hacia el planteamiento de los otros, podría serbeneficiosa para el sistema porquelos conductores de los partidos se verían obligados a darle a la campaña más contenido de pensamiento y ambos, oposición y gobierno,se verían obligados a ser máseficaces ya que se sentirían menos tolerados por el fanatismo de sus seguidores y más sometidos al escrutinio racional de sus no seguidores. Esta podría ser una promisoria versión del desencanto: sin sumirnos en la desesperanza, romper los vínculos alienantes que los votantes tienen con los partidos.

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