Las sillas del Titanic bis

Publicado en La Nación el 1 octubre, 2001
Categoría: Artículos
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Uno se imagina al capitán del Titanic muy orgulloso de todos las características de ese estupendo barco. Se lo imagina también, en las primeras horas de la travesía fatal, muy pendiente de los detalles, recorriendo las cubiertas, reparando en la limpieza y el orden y luego dando instrucciones a la tripulación sobre lo que debía ser mejorado.Pero ante la tragedia, los detalles se han de haber esfumado en su mente y toda su atención se ha de haber concentrado en otros objetivos de mayor significado, tales como la supervivencia de los pasajeros. Por eso, cuando alguien se preocupa por detalles y por esa razón pospone objetivos de mayor dimensión , se dice que está acomodando las sillas del Titanic. Las reuniones serían más cortas y el uso del tiempo más efectivo, si no tuviéramos esa inclinación a perder de vista lo esencial.

Una y otra vez encontramos personas en las empresas intentando poner lo accesorio antes que lo esencial, a pesar de lo que nos señala la lógica y la sensatez. Ud.presencia un proceso de una negociación y se da cuenta de cuánto tiempo se dedica a los detalles. De cuánta energía se dedica a resolver asuntos que no afectarían en lo sustantivo el resultado del acuerdo. Lo mismo cuando se trata de resolver un problema. La gran pregunta debería ser cuál es el problema esencial. Pero cada vez que la planteamos, siempre encontramos como respuesta listas enormes de detalles que si bien son problemáticos, no afectan el corazón del asunto. Olvidamos que no hay mente capaz de darle solución a múltiples detalles problemáticos, a no ser que se siga el camino de apuntarle al corazón del problema.Y claro, por estar entretenidos en los detalles, no solo perdemos energía sino que muchas veces se le pasa el momento al acuerdo o a la solución y sepierde definitivamente la oportunidad .

Es como si padeciéramos una ceguera selectiva que nos impide darnos cuenta de las cosas importantes en las que estamos de acuerdo, mientras lastimosamente nos perdemos en la rumia de los detalles en los que aún discrepamos. Siempre es más fácil percibir el síntoma, que integrarlo dentro de un diagnóstico. Por eso muchas de las soluciones no van al corazón de los asuntos sino que constituyen paliativos para los síntomas que hayan logrado hacerse más visibles en la reunión o en el informe .

Veamos por ejemplo las promesas de campaña, o los programas de gobierno, o las manifestaciones públicas de los candidatos. Se podría pensar que el país requiere promesas, ofertas, cambios, mucho menos numerosos que los que se ofrece aunque sí mucho más fundamentales . Un ejercicio interesante, cuando alguien propone ochenta acciones que resolverían los problemas, es obligarlo a hacer el esfuerzo de síntesis de decir cuáles son los cuatro puntos básicos. Esto es importante porque quien se ponga tras el cumplimiento de una agenda de cuatro puntos, se encontrará con que esto es una tarea más manejable, controlable, realizable que la del cumplimiento de los ochenta. Posiblemente, quien tenga que cumplir esa agenda de cuatro no se moverá más, pero sí se moverá con mejores resultados.

Es tan didáctica aquella fábula según la cual, dos conejos estaban en el campo y oyeron venir una jauría . Uno de ellos propuso huir con celeridad de esos pitbul. El otro replicó que no eran pitbul sino doberman, a lo cual el primero insistió en lo de los pitbul. Ambos , ya picados como dicen los jóvenes, se enfrascaron en la discusión sin dar su brazo a torcer, hasta que como uno se imagina, la jauría los alcanzó y los devoró. Hacer es imposible si no nos desenmarañamos de los detalles.

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