Más allá de Corea y Japón 2002

Publicado en La Nación el 17 septiembre, 2001
Categoría: Artículos
Etiquetas: , , , , , , , ,

Con frecuencia escuchamos en los grupos de trabajo en las empresas alguien del departamento de producción que dice muy ufano: este año llegamos a tener 40% del mercado, a lo cual alguien de mercadeoreplica: “llegamos” es mucha gente. ¿Qué es lo que nos lleva a poder sentir orgullo de que en Costa Rica se tenga una alta tasa de alfabetización o una alta cobertura de servicios médicos? ¿Tenemos derecho a hablar en plural de algo que otros han hecho?

Tenemos una tendencia a afiliarnos, a adherir a lo que nos parece bueno, fuerte, exitoso. Todo el mundo le ríe las gracias a la persona que lidera un grupo, no sólo por quedar bien con ella sino porque de alguna forma nos identificamos con ella, esto es, nos sentimos un poco ella. Ocurre también con los famosos. Los muchachos quieren lucir como el artista de cine del momento o como los deportistas más afamados.

El éxito personal, realimenta a la acción. Después de un triunfo hay más disposición a intentar. Se tienen expectativas optimistas sobre los resultados. La gestión de ventas que el vendedor realiza después de haberle logrado vender a un cliente difícil, está llena de seguridad. En cambio después de una negativa muy importante, los vendedores tienen que hacer esfuerzos para no irse para su casa.

Es positivo que todos se sientan partícipes de lo que la empresa va alcanzando, porque todos han formado parte de ese esfuerzo común. ¿ Pero qué ocurre cuando todos nos sentimos partícipes de algo en lo que realmente no hemos tomado parte? Los miembros de una agrupación política se ufanan de las realizaciones de otros miembros de su partido. Los seguidores de una bandera deportiva también. Y los nacionales de un país no sólo comparten los triunfos de su selección sino que sienten que ellos han triunfado. Y esto ya no está tan bien, porque es un alejamiento de la realidad.

Cuando una empresa tiene prestigio, todos sus colaboradores comparten ese prestigio. Trabajar para una empresa seria, exitosa, innovadora, ética, es motivo de orgullo para todo su personal. Pero constituiría una falta de realismo que una persona sintiera que como la empresa esexcelente, eso la hace excelente a ella. Y de aquí surge una posibilidad interesante, y es la de plantearle altrabajador que se enorgullece de la excelencia de la empresapara la cual trabaja, quepara que su orgullo no constituya una falta de realismo, él debería tener un comportamiento de calidadque de una cierta manera lo hicieran merecer la excelencia de la empresa .

Esto forma parte de algunas relaciones de causalidad que no son obvias. Está claro que los adultos contribuimos a la educación de los niños. Pero el recién nacido produce en su joven padre un impulso de maduración.Un buen jefe, es causa de que sus colaboradores se esmeren en su trabajo. Pero un conjunto de colaboradores diligentes y productivos, cuando tienen un jefe sensible, causan en él un impulso de mejoramiento.

Los éxitos de la selección de fútbol, podrían conducir simplemente a la irrealidad de que todos nos sintiéramos autores de esos triunfos. O podría movilizarnos hacia un esfuerzo individual por merecer la alegría que producen. Una vía sería que individualmente lucháramos por obtener logros personales que fueran como el eco de los logros deportivos. Más seriedad, más puntualidad, más horas de estudio, trabajo más diligente, más empeño, menos vacilón, serían respuestas individuales que de una cierta manera nos harían merecedores de los logros de quienes nos representan en el campo deportivo. Así, los frutos que cosechara el país, trascenderían a Corea y Japón 2002.

Deje una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *