Hacer mucho con nuestros recursos

Publicado en La Nación el 27 agosto, 2001
Categoría: Eficacia
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Escribía alguien que muchas grandes contribuciones al progreso humano habían sido hechas por personas que no tenían la salud o los recursos económicos, o la posición o la capacidad intelectual para hacerlo.

Solemos pensar que todos los que tienen éxito, quienes fundan empresas, quienes las hacen progresar, tienen a su disposición un conjunto de circunstancias personales y de ambiente óptimas, las cuales hacen inevitable ese éxito. Pero esa no es la verdad. La verdad es que con la misma inteligencia, tiempo, salud, energía que tenemos a nuestra disposición, otros han hecho contribuciones más notables. Eso suena un poco a recriminación, pero tiene también un dejo esperanzador. Quizá algún día encontremos la manera de hacer mejor uso de nuestros recursos. Quizá con mayor orden, con mayor seriedad, con mayor dedicación, apostando más a la transpiración que a la inspiración, con menor temor al fracaso, con un poco más de perseverancia, con un poco de silencio interior, dejando menos para mañana, con menos improvisación.

Al igual que dice Drucker que los grandes conductores de empresas logran cosas extraordinarias con gente ordinaria, podríamos pensar que es posible hacer cosas extraordinarias con circunstancias ordinarias. Leí un relato de una señora que al final de una interpretación de un gran pianista se le acercó y le dijo “Yo daría la vida por tocar como usted toca”. Y el pianista respondió: “Yo la he dado”.

Si dejamos que la energía se vaya escapando, por ejemplo convirtiéndose en excusas, entonces los resultados serán menores o de menor calidad. La excusa es una teoría que nos inventamos sobre por qué no logramos tener éxito en algo y eso a veces es verosímil: las ganancias del trimestre han sido bajas porque la competencia ha sido muy intensa o la nota fue baja porque el examen fue muy difícil. Sin embargo, estaremos adquiriendo una minusvalía cuando nos contentamos con la explicación, cuando en vez de intentar redoblar esfuerzos ante el próximo examen o la creciente competencia, sintiéramos por ejemplo, que no hay nada que hacer. Hace muchos años se hablaba de países subdesarrollados. Luego se pasó a denominarlos países en vías de desarrollo. Lo primero sonaba a estigma. Lo segundo da un poco de esperanza. Hace años la competencia entre dos compañías de autos de alquiler le daba a una de ellas –Hertz– el liderazgo en el mercado. La segunda –Avis– aceptó su posición pero acuñó un slogan que supongo llenaba de vitalidad a todos sus colaboradores: Somos los segundos, por eso tratamos con mayor empeño. De manera semejante nuestro estudiante debería decir: me cuesta Matemáticas, me empeño doblemente. Y el colaborador novel que no conoce el puesto: tengo que trabajar diez horas porque soy nuevo.

Estamos llegando a una dinámica mundial en la que el “es que… ” constituye un freno para nuestro progreso personal y nacional: es que no tuve tiempo, es que la cancha estaba pesada, es que los ticos somos así.

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