El poder de elegir

Publicado en La Nación el 13 agosto, 2001
Categoría: Cambio
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Warren Bennis, un conocedor del tema delliderazgo, señala como una de las características del buen líder, el conocerse a sí mismo, receta muy antigua, que también es de efectos sorprendentes aplicada al resto de los mortales. Freud señalaba como lema de su propuesta psicoanalítica la importancia de hacer consciente lo inconsciente, lo cual va en la misma dirección de conocerse a sí mismo. ¿Por qué es tan importante? Porque nuestro comportamiento no es casual, sino que está influido por raíces inconscientes. Si no las conocemos, somos bastante esclavos de ellas. Si las conocemos, tenemos más libertad, podemos abandonar las respuestas automáticas y elegir otras. Cuanto más amplio sea nuestro repertorio de respuestas, de comportamientos posibles, más desarrollados somos como personas.

Elegir es un término mucho más cargado de energía que querer. Hay quereres sin querer, en los cuales somos sujetos pasivos. En ellos, más que querer, se trata de esperar. Elegir en cambio implica resolución. Cuando se elige se es sujeto activo. Si la libertad es uno de los rasgos distintivos del ser humano, elegir ejercita y profundiza esa libertad individual.

Los diagnósticos condicionan, especialmente cuando se les da el carácter de permanentes. Al llegar a una cierta edad, vamos bregando con la presbicia, apartando el periódico hasta donde nos alcancen los brazos. Cuando nos diagnostican y nos prescriben el primer par de anteojos, nos constituimos en présbites con diagnóstico y nunca más intentamos leer el periódico sin anteojos: el diagnóstico nos ha condicionado. Al respecto haríamos bien en dejar una puerta abierta en los diagnósticos: por ahora necesito anteojos para leer, no sé si mañana también.

Esto que suena a broma en el caso de la pérdida de la vista debida a la edad, es cosa seria cuando se trata de cómo calificar nuestros rasgos para el trabajo. Cuando decimos que no servimos para el mercadeo o para las finanzas, nos estamos atando de manera permanente a un diagnóstico. Tal vez somos poco creativos para planear una estrategia de ventas opara llegar a conclusiones financieras, pero nos haríamos un favor si consideramos que esos rasgos son temporales y pueden desaparecer. Al decir que tengo dificultades con las finanzas, estoy cerrando la puerta del mejoramiento. Es preferible entonces decir que ahora tengo esa dificultad, pero que elijo mejorar o estudiar o aprender.Saber cómo somos es importante, por ejemplo para no aceptar un puesto de alto contenido financiero. Pero el valor mayor de saber cómo somos es servir de plataforma para elegir qué hacer con ese rasgo.Tengo una amiga que dice que algunas personas, después de una intervención quirúrgica, “se quedan operadas permanentemente”: no puedo hacer tal cosa porque soy operado de la vesícula. El “quedarse operado”, podría convertirse en una excusa y es en muchos casos una limitación autoimpuesta. Lo mismo que el señalar nuestros rasgos y decir “es que yo soy así”, frase con la cual estamos ignorando la posibilidad de cambio. La expresión más llena de vitalidad sería“Por ahora yo soy así, y al respecto elijo hacer tal o cual cosa”.

Lucian Auger tiene un bonito libro llamado Ayudarse a sí mismo. En él tiene clara la idea de que llega un momento en la vida de las personas en que saben muy bien cuáles son las limitaciones que su crianza, su educación, sus actos pasados han dejado en sus vidas, pero que hay que trascender ese diagnóstico mediante una elección personal. En efecto, no podemos cambiar las circunstancias que nos han llevado a una determinada situación, pero sí podemos elegir la actitud con la cual vamos a enfrentar esa situación.

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