La envidia en la empresa

Publicado en La Nación el 9 julio, 2001
Categoría: Artículos
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Cuando leemos sobre requisitos individuales para el trabajo en equipo siempre surge como muy importante el de la colaboración entendida como lo contrario de la competencia destructiva. Una versión saludable de la competencia es el impulso de obtener el máximo beneficio personal, para lo cual se sigue el camino de la superación personal.

Como se quiere descollar se trabaja con firmeza, no se escatiman sacrificios, se aprende constantemente. Una versión sombría de la competencia es recurrir al truquillo, a la zancadilla, a la zafada de piso. Quien utiliza estas artes se mantiene a la cabeza, pero no porque avance sino porque se las arregla para que los demás no avancen.

No se habla en la literatura de trabajo en equipo sobre la envidia, pero la verdad es que algunos comportamientos parecen tenerla como origen. Recordemos que tradicionalmente la envidia es un pecado capital y quizá por esa razón ha sido eliminada del lenguaje técnico. Resulta menos amenazante hablar de falta de colaboración que de envidia, como hay más urbanidad en llamar a la gula, intemperancia.

No parece razonable que se hiciera en los equipos evaluaciones públicas sobre el nivel de envidia entre sus miembros, pero resulta inaceptable que ni siquiera se mencione por su nombre, una fuente eventual del comportamiento destructivo.

Proceder por envidia es socialmente sancionado. De ahí que la enumeración de sus síntomas podría ayudar a eliminar algunos comportamientos destructivos. Desde luego no se podría acusar a nadie de envidioso porque eso sería una invasión de su fuero interno. Cuanto más realismo haya en un grupo, mejor para su desarrollo, por eso reflexionar sobre la envidia podría ser saludable. En los grupos de trabajo, lo que se ventila hace menos daño que lo que se reprime.

En algunas religiones, la receta contra la envidia es la caridad, lo cual dicho de esa manera queda a mucha distancia de lo que podría ser un plan de acción concreto, por lo que resulta poco útil. Además, es prudente que las organizaciones sociales no estén diseñadas con el requisito de que sus miembros sean virtuosos, sino que como dice Drucker, una buena organización es aquélla en la cual personas ordinarias, alcanzan resultados extraordinarios.

Conviene también examinar si algunos elementos de la estructura o de la práctica en las empresas, podrían fomentar la envidia. Decía un gerente que el nombramiento de empleado del año, deja satisfecha a la persona escogida e insatisfechas a las demás. Dar un premio a quienes meten los goles y no reconocer el esfuerzo de quienes hicieron el pase, o celebrar los éxitos de los vendedores sin reconocer los esfuerzos del personal de apoyo, es un desestímulo a la colaboración.

No importa el premio, en algunos casos es dinero, en otros reconocimiento, posibilidades de ascenso o afecto. Comparar a unas personas con otras siempre las moviliza, a veces hacia la competencia constructiva, a veces hacia la resistencia pasiva a accionar, el desgano o la falta de brío.

En cambio resulta mucho más laboriosa y saludable la tarea del líder de hacer que todos los colaboradores visualicen y se empeñen en el producto común. Si se hablara mucho de la importancia del trabajo de cada uno para la supervivencia y para el éxito de la empresa, habría más colaboración y menos competencia.

Los colaboradores, imaginados como bomberos, no se majarían la manguera unos a otros, porque comprenderían que el incendio es en la propia casa. No se negarían a hacer el pase, porque todos estarían entusiasmados con la idea de triunfar.

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