Inducción

Publicado en La Nación el 25 junio, 2001
Categoría: Aprendizaje
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Se conoce como inducción las actividades que tienen por objeto que el colaborador recién llegado a la empresa, aprenda lo que es necesario para poder irse adaptando a ella.

Tradicionalmente han formado parte de la inducción, la presentación de la persona recién llegada a los altos ejecutivos, la entrega y explicación de un organigrama, la entrega del reglamento interno de trabajo, algunas instrucciones domésticas sobre horarios, días de pago y en algunos casos la entrega del texto que contiene la visión y la misión

En todo esto, el nuevo recluta es un sujeto pasivo porque carece del conocimiento y de la presencia de ánimo para formular preguntas y en la mayor parte de las situaciones, la inducción transcurre como un ritual que no resulta efectivo.

La idea que hay detrás de la inducción es sólida. Nadie puede amar lo que no conoce.

Queremos que la persona que empieza a prestar sus servicios llegue a amar la empresa.

Por tanto hay que dársela a conocer de la mejor manera. O desde otro punto de vista, como se espera que todos los colaboradores de la empresa estén debidamente alineados, sintonizados, orientados hacia los fines de la entidad, es importante que la conozcan debidamente.

Pensamos que son tan importantes los propósitos de la inducción que deberíamos asegurarnos no sólo de que se beneficien de ella los recién llegados sino que cada persona que pasa a ocupar un nuevo puesto, también se beneficie de un proceso de inducción.

Y casi que debería existir un proceso de inducción permanente para todo el personal, en vista de que las circunstancias son cambiantes y la vitalidad de la empresa la hace irse transformando permanentemente.

Lo usual es que la empresa sea la que tenga interés en los procesos de inducción.

Lo deseable es que sean las personas quienes mantengan una actitud proactiva para aprender todo lo que sea necesario para un buen desempeño de su puesto.

Al respecto, una constatación que despierta interés es la de que en muchas empresas algunas personas – no sólo los nuevos reclutas- carecen de la información adecuada para realizar ese buen desempeño.

Unamos entonces las ideas de que la inducción debería ser permanente, para todos y basada en el interés del colaborador.

Soñemos con una empresa donde todos los que en ella trabajan mantengan la inquietud por ir redondeando las respuestas a un conjunto de temas que son indispensables para un correcto alineamiento del trabajo de cada uno con los objetivos de la empresa.

Empezaríamos por la necesidad de tener muy clara cuál es la esencia de la empresa. La esencia no es el nombre, ni los activos fijos. La esencia es el click que hacen los productos de la empresa con las necesidades de los clientes. Los clientes no compran por simpatía ni por lealtad. Compran porque obtienen utilidad de los productos de la empresa.

Luego habría que tener respuestas para la pregunta sobre en qué consiste el negocio de la empresa. Puestos en la bodega de materias primas o en la contabilidad, podría ser que las personas tuvieran una idea equivocada de qué es lo que hace crecer los resultados.

Una pregunta fundamental es la de cuál es la contribución del puesto. La finalidad de un puesto no es ejecutar unas determinadas operaciones. La finalidad es contribuir al esfuerzo común. Es importante por tanto saber con precisión qué consecuencias tiene el desempeño excelente o los errores que pudieran cometerse.

También cada persona debería saber dónde se origina el documento o el producto que llega a su puesto de trabajo. Visualizar el puesto como parte de una corriente que va agregando valor, puede estimular la diligencia y el esmero.

Si el puesto se visualiza como una casilla, como una célula aislada, la visión que se tendrá del trabajo será más limitada que si cada persona ve su puesto como parte de un sistema, como parte de un tejido.

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