Adivinanzas y planes

Publicado en La Nación el 4 junio, 2001
Categoría: Artículos
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Para quienes creen en el destino, tratar de interpretar qué traerá el futuro es ocioso, porque sostienen que para cada uno el futuro traerá lo que traerá, lo cual ya está dispuesto y no hay quien lo cambie. Para quienes creen que el futuro es totalmente indescifrable y además totalmente dependiente del azar, tampoco tiene sentido tratar de interpretar qué traerá ese futuro. Da lo mismo comprar cualquier número de la lotería, porque todos tienen la misma probabilidad de salir premiados.

Sobre el futuro se pueden hacer adivinanzas. Unas son adivinanzas a secas. Otras son adivinanzas educadas. Si sembramos un frijol en un rincón del jardín, podemos asegurar que con una alta probabilidad, nacerá una matita de frijoles. Si vemos el censo de población y la tasa de nacimientos, podemos hacer unas predicciones bastante razonables sobre cual será el número de escolares que habrá dentro de diez años.

Lo que en las empresas se denomina plan estratégico es una decisión sobre qué es lo que tenemos que hacer hoy para salir muy bien parados en el futuro, tal y como adivinamos que va a ser. Las personas también pueden formular y de hecho formulan, planes estratégicos sobre su vida personal. El plan puede tener cantidad de detalles o ser simplemente un esbozo. Cuanto mayor el detalle, mayor la frustración, porque lo propio de los planes es que no se cumplan. El futuro siempre trae algunas de las cosas que pensamos que iba a traer, pero además múltiples sorpresas. El devenir de las cosas – la vida – siempre se sale con la suya y el futuro real, apenas guarda un ligero parecido con el futuro que habíamos imaginado. Lo prudente entonces, dada la incertidumbre con la cual se formulan los planes, es no entrar en mucho detalle, sino que hay que dejar muchas “previstas” -como las llaman los constructores- para el caso de que las cosas no salgan como las vemos o como las queremos. De esta manera estamos dándole al plan capacidad de maniobra para que pueda ir lidiando con lo impredecible. Los planes deben formularse con amplio espacio para la espontaneidad y la improvisación. Conducir una empresa -o vivir la vida personal- no es ejecutar una sinfonía con la partitura a la vista, sino ir improvisando como en el jazz alrededor de un tema. O como se dice en el oficio, tenemos que formular planes pero no esculpirlos en piedra.

Lo importante de la formulación de planes -empresariales o personales- no es si se confirman o no las adivinanzas que vamos haciendo sobre lo que va a ocurrir. Más importante aún es el ejercicio de conocer muy bien los recursos y las deficiencias de la empresa o de la persona, con las cuales se piensa enfrentar a lo que el futuro traerá. Si el futuro no llega a traer lo esperado, siempre será útil el conocimiento adquirido sobre con qué pensábamos enfrentarlo.

Aquí es importante una observación. Cuando las empresas o las personas hacen un recuento de los recursos y deficiencias, siempre las debilidades son más numerosas que las fortalezas. Eso ocurre porque tenemos muy claro el concepto de la empresa o de la persona ideal, y hacemos la lista de las fortalezas mediante una descripción de lo real, mientras que la lista de las debilidades la sacamos de una comparación de lo ideal que es deslumbrante, ambicioso, ilimitado, con lo real, que es siempre escaso, limitado, carente. Quizá ello ha llevado a Drucker a señalar que gastamos mucha energía en la contemplación de nuestras debilidades cuando lo que deberíamos hacer es concentrarnos en las fortalezas. Como lo dijo hace muchos años, sólo se puede construir sobre las fortalezas. Son nuestras fortalezas las que nos sacan adelante, a pesar, claro está, de nuestras debilidades.

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