Trabajo y desarrollo

Publicado en La Nación el 21 mayo, 2001
Categoría: Desarrollo
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Quien ante un cambio de empleo, se preocupa exclusivamente por cuál es la remuneración del nuevo empleo, está dejando de considerar asuntos de importancia vital.

Se dice que los seres humanos tenemos cuatro necesidades profundas. Necesitamos crear. Necesitamos comunicarnos. Necesitamos intercambiar afectos y necesitamos encontrarle sentido a las cosas. La necesidad de crear se manifiesta desde los juegos tempranos del niño. Con unos trozos de madera, los niños se afanan por construir objetos singulares. Con unas crayolas y un papel, cada infante le da rienda suelta a la creatividad. Y aun en nuestra adultez, nos esmeramos por agregarle toques individuales aun a objetos tan estereotipados como un automóvil o una mesa de trabajo.

La necesidad de comunicarnos nos acompaña siempre. Veamos por ejemplo cómo se manifiesta intensamente en los elevadores. Nos resulta muy incómodo ir a una distancia comunicacional con otros pasajeros y sin embargo -quizá por lo corto del viaje- no intercambiar al menos saludos con ellos. Por eso todos miramos hacia el indicador del número de piso, o para lograr mayor seguridad, hacia el cielo del vehículo. En los programas de preparación para la eventualidad de un secuestro, se alerta a los participantes sobre el efecto que la falta de comunicación puede tener y se les instruye para que entablen comunicación aun con sus secuestradores. Es la falta de comunicación la que hace que algunas personas jubiladas, después de un largo alejamiento de su lugar de trabajo -uno o dos meses, que pueden confundirse con unas largas vacaciones – de pronto establezcan como rutina el ir de visita a su antiguo lugar de trabajo. Esta necesidad de comunicación se intensifica cuando tenemos emociones pico, como lo demuestra la locuacidad que nos asalta después de ese temblor que nos sorprendió en un sitio público. Es la misma locuacidad que priva en la gradería, donde minutos antes éramos desconocidos silenciosos, después del primer gol o del primer susto.

A pesar de una intensa represión que nos limita en la exteriorización de nuestros afectos, siempre encontramos formas de salirnos de ella. Siempre encontramos en el camino a un bebé o a un perrito con el cual no hay ningún peligro en mostrar nuestra ternura. Este intercambio de afectos ocurre también cuando de manera muy cautelosa le damos las gracias a alguien por su ayuda o reconocemos la satisfacción que nos produce haber logrado algo juntos.

Vivimos en el tiempo. Sabemos que hay un mañana. Nos sentimos tejiendo un tejido con algún propósito. Las cosas tienen sentido si calzan con ese tejido que de manera más o menos clara tenemos imaginado. Vemos el valor que tienen los eventos y las acciones hoy, y también su valor futuro. Este valor futuro es su significado. No basta con que algo sea bueno hoy para mí, sino que necesitamos además encontrar el beneficio que esto tiene para otros o hacia el futuro. La promoción obtenida, el éxito con un proyecto, se engrandece cuando quien lo obtiene lo pone en relación con la solvencia o con la seguridad familiar. Los logros estudiantiles cobran dimensión cuando se los mira como el mejoramiento de talentos personales que luego se pondrán al servicio de los clientes.

Cuando una relación laboral es de calidad, todas estas necesidades básicas tienen oportunidad de ser satisfechas. Y a pesar de que algunas veces pensemos que lo único importante que obtenemos es el ingreso, va aumentando el número de personas que toman decisiones laborales, dejan empleos, cambian empleos, pensando en otros factores que van más allá del ingreso. Porque el simple ingreso puede convertir un trabajo en una jaulita de oro, la cual aunque muy atractiva, impide o no ayuda a nuestro desarrollo.

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