Uno a cero

Publicado en La Nación el 30 abril, 2001
Categoría: Artículos
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Me hace ilusión pensar que así como don Julio Rodríguez ve en el fútbol un indicador del tono de la vida nacional, también se pudiera ir afectando la vida nacional a partir de la consideración de lo que nos va mostrando que es capaz de hacer esta Sele. Por eso me parece que es útil resaltar algunos aspectos relacionados con la acción humana que viene exhibiendo la Sele. Digo esto desde la perspectiva que tengo de que una obra bien hecha, treinta minutos bien jugados, una ley estudiada con seriedad, una investigación bien realizada, tienen valor, no importa a dónde vaya a parar el conjunto de acciones al cual esa acción correspondió. O sea que si nos eliminan y no vamos al Mundial, o si la obra no se ve continuada por otros, o la investigación no se ve aprovechada, eso no hace perder brillo a los momentos en los cuales se puso ilusión y afán en que algo saliera bien. Un conjunto de acciones excelentes es muy valioso, pero una acción aislada, si es empeñosa, con entrega total, también es valiosa pase lo que pase. Aquí cada una de las partes vale tanto como el todo.

Vimos un equipo sin “complejos”, lo cual quiere decir realista. Que no se ve a sí mismo injustificadamente débil ni arrogantemente fuerte. Que no se considera inferior porque representa a un país de sólo cuatro millones de habitantes, que no puede ni soñar con enviar una misión a la luna y que tiene un ingreso que es sólo una fracción del ingreso que tienen los contendientes. Este equipo no anda buscando excusas para explicar sus limitaciones. Las asume y trata de resolverlas. Recurrir a esas excusas de una cierta forma es vivir en desvalimiento. Es pedir una licencia de incapacidad. Es querer ser retirado del combate antes de que empiece.

El resultado fue la mejor de las derrotas, porque existen tres tipos. En efecto, hay partidos que se pierden sin llegar nunca a jugarlos. Se dice que se falla en el 100% de las cosas que no intentamos. Rehuir el compromiso es una forma de derrota que no queda constando en actas, pero que afecta la historia íntima y la auto-estima de quien se ha negado a enfrentarse. Existe la derrota que ocurre antes de enfrentar el reto. Es cuando se dan razones de por qué algo no se puede hacer, de por qué lo que soñamos no se realizará o cuando el perfeccionismo o la comodidad posponen indefinidamente el enfrentamiento. Finalmente existe la derrota que, a disgusto desde luego, se cosecha después de empeñarse con todo el entusiasmo, después de una brega digna, en la que se pone todo lo que hay que poner. Esta derrota permite no tener que recurrir a negaciones ni racionalizaciones, sino a la aceptación madura de que algo necesita ser mejorado, con lo cual se abre el camino del aprendizaje y del cambio.

Resuena como contrapunto de todo esto, el dicho que tanto hemos escuchado de que no hay sustituto para la victoria. Esta frase suena como a una defensa del triunfo inmerecido frente a la derrota digna. Suena a valoración de los oropeles externos sobre la satisfacción íntima de haber cumplido. Suena a desconocimiento de que ciertas luchas es mejor darlas y perder que no darlas y contemporizar.

Hay una lección de persistencia en la forma como la Sele enfrenta los reveses. Antes, un gol en contra era el preludio del derrumbe. Hay también una lección de fortaleza en la forma como los partidos se juegan con intensidad hasta el final. Antes, en los minutos finales, se veía en el juego el espectro del desánimo. Y en esas circunstancias el sentimiento nacional compartido era de frustración y un poco de vergüenza. Esta Sele podría no ganar su pase al Mundial. El azar cuenta, pero nunca ha de confiarse de previo que estará de nuestra parte ni desconocer después que puede haber estado en contra nuestra. Ni en la preparación hay que dejar nada al azar ni en la elaboración de la derrota dejar de considerar que el azar puede haber tenido su parte.

Ya se trate de realizar un esfuerzo de exportación, un examen o un sueño político, estos tres partidos han sido un libro abierto para todo el que quiera leer en ellos.

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