Lo interesante

Publicado en La Nación el 5 marzo, 2001
Categoría: Artículos
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Alguien me ha participado de esta idea: conviene mirar todos los sucesos viéndoles sus aspectos buenos, sus aspectos malos y sus aspectos interesantes. Y así es como esta idea resuena en mí. Los pesimistas tienen la tendencia a ver sólo el lado sombrío de las cosas. Lo que falta. Lo que no salió. Lo que no funciona. Los optimistas, ven siempre el lado bueno. Lo que hay. Lo que sirve. Pero cuando nos piden que veamos también el aspecto interesante nos están pidiendo algo nuevo.

Hay un libro que se llama “Lo bueno de lo malo” el cual me recuerda el conocido relato que contiene cosas como éstas: Mi hijo se fracturó una pierna. Ah, qué malo. No. Porque pasaron reclutando soldados y a él lo eximieron. Ah, qué bueno. No, porque bombardearon el pueblo y a él lo hirieron. Ah, qué malo. No, porque … Y así sigue el cuento. Esto nos sirve para darnos cuenta de que lo que a primera vista vemos como malo, podría tener sus consecuencias buenas y viceversa. Es como si los asuntos fueran medallas, con un anverso y un reverso

Pero por hoy querríamos quedarnos en los aspectos interesantes que hay en cualquier asunto. Se dice que una persona de 3M, en busca de un pegamento, hizo varios experimentos, uno de los cuales le produjo una sustancia que no pegaba de manera permanente. Pegaba, sí, pero que con un pequeño esfuerzo se despegaba. Entonces desechó el dicho pegamento, pero un compañero vino y dijo, ¡Qué pegamento tan malo!, pero también, ¡Qué pegamento tan interesante! y se puso a ver las posibles aplicaciones del producto. Todos sabemos el final de la historia: el pegamento con el cual se fabrican los papelitos “post-it”, con los cuales dejamos recados y recordatorios en mesas, espejos, refrigeradoras, escritorios.

Se dice que los griegos iluminaron al mundo con su filosofía -ciencia incipiente- porque sabían admirarse. Cuando vemos las cosas corrientes sin admiración, jamás encontraremos nada novedoso, jamás inventaremos nada. En cambio si pensamos que todo, lo rutinario, lo consabido, tiene algo de interesante, podemos encontrar, podemos descubrir. Los Curie viendo la luminiscencia del radio. Flemming viendo el efecto del moho de las frutas. Newton reflexionando sobre por qué las manzanas caen siempre hacia abajo y no a veces hacia abajo y a veces hacia arriba.

Aparece un competidor. ¡Qué malo! Porque disfrutar de un mercado sin competidores es comodísimo. Lo bueno es que la competencia nos obligará a mejorar. Y lo interesante es ver cómo hacemos para mejorar . Nos da gripe. ¡Qué malo!. Lo bueno es que estaremos dos o tres días con un ritmo de trabajo reducido. Y lo interesante es indagar cuáles cosas novedosas podremos hacer con el tiempo que forzosamente tendremos que estar en casa, lejos de las actividades habituales, o qué sensibilidad nos despertará el darnos cuenta con todo nuestro ser y no sólo con nuestro cerebrito, de que nos enfermamos, de que somos vulnerables, de que un grado de temperatura nos disminuye.

Ver el aspecto interesante de algo es extraer el contenido de reto que tal cosa tenga. El espíritu de investigación se nutre de esa capacidad para ver lo interesante que hay en algo. Pero la mayor parte de nosotros no somos investigadores, por lo cual lo interesante no está relacionado sólo con la esfera del conocimiento. Somos seres de acción, de ahí que convendría encontrar en todos los sucesos las posibilidades de acción que sugieren. Mirar lo bueno y lo malo de las cosas nos convierte en espectadores pasivos. Buscar lo interesante -el desafío de mejoramiento, de crecimiento- es un ejercicio de responsabilidad y de auto-realización.

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