El socollón

Publicado en La Nación el 16 octubre, 2000
Categoría: Cambio
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El Antiguo Testamento describe un par de socollones que tuvieron por propósito que pueblos enteros o la humanidad pusiera las barbas en remojo. Uno fue la destrucción de Sodoma y Gomorra y otro el diluvio universal. Según el Testamento, después del diluvio, la humanidad nace de nuevo desde un punto de vista demográfico y nace de nuevo también porque Dios hace un nuevo pacto con los sobrevivientes. Hemos escuchado la creencia que tienen algunas personas de que si un árbol de aguacates no da fruto, los dará si se le clavan algunos objetos metálicos tales como grandes clavos . Alguien explicaba que efectivamente, el árbol de aguacate experimenta tal emergencia que hace lo que puede para reproducirse, lo cual en su caso se logra produciendo aguacates.

Las empresas pasan por situaciones difíciles que las ponen en estado de emergencia: intensificación de la competencia, caducidad de una patente, pérdida de la exclusividad sobre una línea de productos, invención de un sustituto que hace obsoleto al producto estrella de la empresa. Todos estos eventos despiertan en muchos participantes el deseo de que no hubieran ocurrido. Pero los veteranos, quienes ya han presenciado otras crisis a lo largo de su vida laboral, saben muy bien que por desagradables e indeseables que sean las crisis, siempre hay que mirar en ellas la posibilidad de que produzcan cambios que robustecerán a la empresa. La poda, en el cuidado de rosales y frutales, es una intervención traumática: se trata de cortar partes de los arbustos y sin embargo, se sabe que toda poda origina nuevos brotes, nueva vitalidad.

Leemos que algunas personas, ante la falta de progreso en los programas de puesta al día del país, exclaman que sólo una gran crisis nos hará entender la necesidad de esos cambios y disponernos a hacer los esfuerzos que demandan. Ojalá encontráramos otros caminos para “ponernos las pilas”. Recordemos que Marx señalaba a la guerra como partera de la historia. Podríamos suavizar la afirmación y decir que las crisis son productivas, pero la verdad es que es preferible el progreso sin crisis .

Se conoce el caso de muchas personas que después de una crisis laboral o de una crisis de salud, logran hacer un balance de lo vivido y sacan de la emergencia una nueva visión sobre cómo quieren continuar hacia adelante. De hecho son impresionantes los relatos en los cuales una persona afirma que empezó a vivir con plenitud después de una severa enfermedad o cómo algunos aprenden a vivir de otra manera después del infarto en cuya causa tuvieron mucho que ver sus hábitos anteriores.

El jugador que está “tarjeteado” se cuida en las próximas jugadas, porque lo que sigue es la expulsión. También el estudiante que “va obligado” pone más esfuerzo y muchas veces obtiene mejores frutos de sus estudios que quienes saben que cómodamente ganarán el curso. El colaborador que ha salido mal evaluado, ahí donde las evaluaciones se las toman en serio, hace esfuerzos por ganar puntos con su trabajo ulterior.

Cuando hablamos de incentivos, sólo pensamos en incentivos positivos, pero hay también incentivos negativos. La crisis, la amonestación, la amenaza, las malas calificaciones, movilizan la conducta en dirección al mejoramiento. No hay que buscar el socollón pero tampoco hay que desaprovecharlo, porque envuelto en él podría venir la posibilidad de un segundo nacimiento, un segundo aire, un nuevo pacto consigo mismo, una revitalización. La sabiduría clásica nos dice que a través de las dificultades se puede llegar a las alturas: per aspera, ad astra.

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