El negocio de Juan Caballo

Publicado en La Nación el 9 octubre, 2000
Categoría: Contribución
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Conocí a un hombre que sirvió en un banco del estado con una dedicación y una probidad ejemplares, y de quien recuerdo una frase cuyo origen desconozco.

Solía denominar “negocio de Juan Caballo”, a uno que no tuviera como consecuencia la obtención de utilidades o peor, que produjera pérdidas. Mucha gente se pone a hacer pequeñas empresas, se esfuerza, se afana, para al final no obtener ni con qué pagar sus deudas. Mucha gente toma decisiones económicas en las cuales el desembolso que hacen no se ve recompensado con retribuciones adecuadas.

Todo esto alude al concepto de costo-beneficio, o más correctamente al concepto de beneficio-costo. Si con un desembolso de cien vamos a obtener doscientos en un año, eso es una buena relación de beneficio-costo. Por cierto, se dice que una de las inversiones de mayor beneficio-costo, a nivel individual y a nivel social, son las inversiones en educación. Invertimos un tiempo y algún dinero en nuestra educación, durante un cierto número de años, y luego obtenemos un beneficio económico generalmente abundante durante el resto de nuestra vida. Ya lo dice la frase aquella de que es preferible enseñar a pescar que repartir pescado. El costo de enseñar a pescar se ve sobrepasado en el futuro por el beneficio de todos los pescados que se pescará .

Lo que los economistas, con su nitidez acostumbrada denominan beneficio-costo, el público lo ilustra con frases de origen desconocido . Se habla por ejemplo de que en algunas cosas “se va lo comido por lo servido”. O se dice también que “sale más caro el caldo que los huevos”.

En los viejos textos de desarrollo económico se hablaba de desocupación disfrazada, para denominar a aquellas actividades en las que la gente se ocupa pero que realmente no les están dando ningún rendimiento económico. Que alguien tenga que dedicar un día entero en una esquina para vender unas cuantas frutas, no es una actividad productiva, sino una alternativa a la desocupación. En los países menos desarrollados, abundan las actividades de baja productividad . El bienestar económico depende de si ocupamos el tiempo en actividades altamente productivas. Un noruego puede trabajar las mismas horas que un boliviano, y sin embargo tener acceso por medio de su trabajo a una mayor cantidad de bienes.

Hoy se anda hablando en las empresas de la necesidad de someter las utilidades a un análisis que permitiera evaluar cuánto es lo que la empresa está obteniendo realmente por sus recursos invertidos. Se denomina Valor Económico Agregado y su finalidad es valorar con realismo cuánta riqueza genera una empresa. En términos simples, de lo que se trata es de que cuando una empresa en la cual se tienen invertidos cien, se gana treinta, no se debe afirmar que la empresa produce un treinta por ciento sobre lo invertido. A lo que se gana, hay que restarle lo que rendirían los cien invertidos si los tuviéramos colocados en otra inversión, lo cual podría ser, digamos , veinte por ciento. De manera que el valor que la empresa produce es de treinta menos veinte, o sea de sólo diez por ciento sobre la inversión. ø Un poco complicado ? No se preocupe. Cuentan de un hombre que no tenía muchas luces y se hizo muy rico. Al correr del tiempo se encontró con su ex-compañero de colegio, el listo de la clase, quien muy intrigado se preguntaba cómo con tan pocas luces había tenido tanto éxito. Sigo una fórmula, dijo el exitoso: lo que compro en uno lo vendo en tres y con ese dos por ciento, he hecho una fortuna. Como se ve, tener buena intuición para los negocios, puede ser tan útil como saber calcular certeramente la tasa interna de retorno, la cual es una operación francamente complicada.

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