El conocimiento como ingrediente

Publicado en La Nación el 25 septiembre, 2000
Categoría: Contribución
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Como en todos los productos el valor de una silla está su capacidad de satisfacer la necesidad de facilitarnos una posición descansada. No es muy complicado eso de convertir unos materiales en una silla.

Cualquiera de nosotros puede, con herramientas muy rudimentarias, tomar los materiales y hacer algo que funcione como silla . Tal vez no será muy bonita ni muy cómoda, pero sí satisfará la necesidad básica . También quienes hicieron este reloj de cuarzo en el cual -aunque no lo sepamos- vamos viendo cómo se nos va la vida, tomaron unos materiales y un diseño y produjeron esta maravilla de exactitud que obtenemos por unos miles de colones. Entre el reloj de cuarzo y la silla hay una gran diferencia. Ni con todo el cuarzo del mundo, seríamos capaces la mayoría de nosotros de fabricar algo que hiciera al menos las funciones básicas de un reloj. La gran diferencia está en que basta con unas varas de madera y un serrucho para poder hacer algo como una silla, pero para poder hacer algo como un reloj, se necesita además, conocimiento.

Los productos artesanales y los productos industriales deben su valor principalmente al valor del los materiales. Cuando pensamos en la silla, uno puede darse una idea del precio si mira la cantidad y calidad de madera que lleva . En cambio el costo principal de cualquier aparatito electrónico, no depende del precio de los materiales sino del conocimiento que se ha puesto en ellos a la hora de fabricarlos. Cuando vemos los elementos que hacen funcionar una alarma electrónica, una computadora, o un equipo de sonido, nos maravillamos de su pequeñez. Casi no se utilizan materiales. Es más, el gran reto en la fabricación de esos productos es hacerlos cada vez con menos materiales, de manera que sean más livianos y puedan ocupar menos espacio.

No veremos a las empresas de lo que llaman el mundo post-industrial, intentando reclutar a un albañil refinado o a un cuidadoso mecánico de precisión . En cambio sí contratan personas con el entrenamiento tecnológico suficiente como para supervisar procesos de producción muy automatizados, donde las manos de las personas hacen poco pero su talento hace mucho.

Vemos también cómo, según las estadísticas, este país dejó hace tiempo de ser un país agrícola, a juzgar por el número de personas dedicadas a la agricultura. Hoy en día, la mayor cantidad de personas trabaja en el sector de servicios: empleados de comercio, profesionales, empleados de entidades financieras, empleados del sector público o de actividades turísticas. La característica principal del trabajo en servicios es que no consiste en hacer cosas sino en resolver problemas. El cliente no viene a un banco a que le construyan una caldera o un edificio para la empresa. Viene a que alguien le diga cómo, sin tener el dinero en el bolsillo, y tal vez sin tener un lote, puede conseguir que en un año esté listo un edificio para su empresa. Planteado así el problema, en el banco se ponen a trabajar para resolvérselo. También aquí el ingrediente valioso que se está poniendo al servicio de la necesidad del cliente, es el conocimiento. Tampoco veremos a un banco buscando a alguien que sepa contar dinero a gran velocidad. Ya no importa que cuente el dinero como quien pela un banano. Después de todo ya en muchas entidades financieras no vemos el dinero. Lo que sí buscan las empresas financieras son personas que conozcan de legislación, de instrumentos financieros y sobre todo, que tengan una actitud de servicio al cliente. Esto no está en las manos de las personas, está en su cerebro. No se trata de destrezas sino de conocimientos.

Este es el mundo en el cual trabajarán todas esas personitas a quienes vemos viajar todas las mañanas hacia las escuelas y colegios. ¿ Sabrán todo esto sus profesores ?

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