Invertir en el pasado

Publicado en La Nación el 14 agosto, 2000
Categoría: Artículos
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¿Compraría Ud. lotería que ya se jugó ? ¿ Compraría hoy un club de para realizar un viaje que tuvo lugar el año pasado ? Nadie en su sano juicio invertiría en el pasado. Se invierte en el presente con miras al futuro. Cuando reducimos el consumo de hoy y dedicamos alguna suma al ahorro, lo que estamos diciéndonos es que preferimos utilizar ese dinero en el futuro.

Pero a menudo nos sorprendemos mirando hacia atrás, invirtiendo tiempo y energía en cosas que ya pasaron. Todos hemos pronunciado o escuchado frases como éstas: ¡ Si hubiera aceptado aquella oferta de empleo …! ¡Si me hubiera casado con fulanita … ! ¡ Si no hubiera interrumpido los estudios para casarme … ! Nuestra memoria, tan vívida para ciertas cosas, nos entrampa. El “álbum de malos recuerdos” es fuente de tristeza y de inacción. Leí una vez una rima que decía: “De todas las palabras tristes que he conocido, éstas son las más tristes: ¡ Pudo haber sido ! ” . También hemos escuchado que no hay que llorar sobre la leche derramada. Me ha parecido que esos lamentos obedecen a algo semejante a una desubicación mágica sobre el tiempo. Cuando recurrimos al lamento estamos esperando que alguien nos consuele y en ocasiones, hasta que alguien corrija la página ya transcurrida , olvidando que es tan inevitable el evento desagradable que ocurrió hace diez segundos, como el que ocurrió hace un siglo. El pasado, tan vívido como lo tenemos en algunos momentos, nos es totalmente inaccesible. Quejarse de algo que ocurrió es invertir en el pasado. Buscar quién tuvo la culpa de algo, también.

 

Dice Lucien Auger, un psicólogo canadiense, que a lo largo de su vida profesional ha escuchado incontables veces a las personas quejarse de que son así porque su padre o su tía eran de tal o cual manera, o porque vivieron en tal lugar, en tal época o en tal situación. Y señala que en algún momento, después de escuchar con gran paciencia al que se queja, hay que confrontarlo con la realidad de que tener explicaciones para lo que nos ocurre no nos ata a nuestro presente. Que tenemos la posibilidad de modificar nuestras circunstancias actuales, aunque estén muy enraizadas en el pasado. Claro que si alguien interrumpió su educación, se casó a los veinte años, enfermó gravemente a los treinta, su presente está influido por esas circunstancias, pero la explicación no tiene por qué impedir el cambio de su situación actual

Explicar cómo ocurre una reacción química o un fenómeno físico, es útil porque esos fenómenos suelen repetirse. Por eso es útil el conocimiento científico. Pero aplicar ese mismo modelo a la vida individual, es desatinado porque las ocurrencias vitales no se repiten y porque de lo que se trata no es de explicar o de justificarse , sino de vivir, lo cual se parece más a la improvisación musical que a la construcción de un edificio .

Paradójicamente la influencia del pasado está abierta a modificación, cuando le damos la espalda y miramos hacia el futuro desde la perspectiva de lo que podemos hacer hoy. Esto recuerda a Drucker cuando dice que la estrategia es el sentido futuro de las acciones presentes. El tiempo de la acción es hoy. El tiempo del amor también. La ceremonia primitiva que hace el brujo para que llueva, es útil, pero sólo si la hace en junio. Las cosas se modifican pero no mágicamente. Igual de sorprendente es la acción que la magia, con la ventaja de que casi todos podemos recurrir a la acción .

El camino para el cambio es la acción. La semilla de la acción es el propósito. Vale más un propósito entusiasta que muchas lamentaciones o que muchas explicaciones.

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